«Ya lo sé, no me lo digáis, vosotros estabais tan en estado de shock como yo». Son palabras de José María Olazábal (+2) poco después de firmar la tarjeta de la primera jornada del Masters de Augusta. Vestido con jersey azul y polo blanco, en un inevitable guiño a su gran mentor Seve Ballesteros en el día de su cumpleaños, el doble ganador del Masters se ha dado hoy un señor homenaje en Augusta.
No siempre, pero a veces, el amor es correspondido. Poca gente ama al Augusta National con la intensidad de Olazábal. Es el lugar donde fue más feliz. Donde sigue siendo muy feliz. Y donde lo seguirá siendo hasta el fin de sus días. El coloso de Georgia le ha devuelto hoy todo ese cariño con una de esas actuaciones que dejan huella.
Olazábal ha sido líder del Masters durante cerca de dos horas y media. Concretamente, desde su birdie en el hoyo 2, poco después de las ocho de la mañana, y hasta que Patrick Reed ha firmado un eagle en el 2, a eso de las diez y media. Mandaba Jose Mari en Augusta y lo ha disfrutado. «He mirado las pizarras de líderes tres veces, en el hoyo 3 (segundo birdie del día), en el 5 y en el 11. Cuando me he visto ahí arriba he sacado el puño y me he dicho, vamos, Chema, que eres el líder», ha bromeado.
Realmente, Olazábal se lo ha pasado hoy como un niño en un parque de atracciones. Empezando por la recuperación estratosférica que ha sacado adelante en el hoyo 1. Si ponemos a los otros 90 participantes del Masters en su misma situación, probablemente ni un veinte por ciento habría sacado el par. Su juego corto debería ser patrimonio inmaterial de la humanidad. Sobre todo en Augusta.
Poco después firmaba un gran birdie en el 2, con un putt de tres metros; embocaba el putt del día en el 3, de nuevo para birdie, con mucha caída y desde una situación delicada; ejecutaba de nuevo una recuperación imposible en el 5, jugando el hoyo como un par 5; de nuevo approach y putt en el 7 para par, esta vez desde la arena; chip delicioso para añadir otro par en el 9 y locura en el 11: putt de siete metros desde el collarín para seguir sin ceder el pulso con el campo. En el 12, la otra recuperación del día, de esas que te dejan más que satisfecho, desde la parte de atrás y teniendo que botar primero contra el talud de antegreen. Cirugía. Otro par.
Olazábal estaba entonces en el séptimo cielo. «Estaba tranquilo, feliz y sorprendido. Ha sido maravilloso y lo he disfrutado muchísimo. Sé dónde estoy. Mi sitio ya no está entre los que luchan por la victoria, sino en disfrutar lo que pueda de cada momento», comentaba con una amplia sonrisa.
A partir del 13 las cosas se han ido torciendo. Se le ha escapado una gran opción de birdie en el final del Amen Corner, se le ha vuelto a escapar un putt corto de par en el 14. Ha sido su primer bogey. Y en el 15 ha venido el gran tropiezo. Sus dos primeros golpes han sido de libro. Se ha dejado el mejor ángulo para esa puñetera bandera de la izquierda, que te está tentando, aunque se protege de maravilla con el agua frontal y la dificultad de recuperar desde la parte de atrás. «Es una posición de bandera muy difícil. Yo siento que tengo que apurar mucho el golpe corto para poder mantenerla en el green y que no se vaya larga. Es lo que he intentado, pero me ha faltado un metro y medio. Es lo que tiene Augusta. Es el metro y medio entre patear para birdie o hacer doble bogey», afirma.
La bola ha hecho efecto de retroceso y ha terminado en el agua. Tampoco esperaba tanto spin, con los greenes bastante duros y el viento a favor, pero ha sucedido. Su quinto golpe se ha ido largo y ha vuelto a rubricar un approach y putt galáctico. Después ha hecho bogey en el 16 desde el búnker, fallando otro putt corto de par y ha terminado con dos salvadas antológicas en el 17 y 18, en el primer metiendo un gran putt de casi tres metros y en el segundo con el enésimo chip prodigioso del día, desde la derecha del búnker de la derecha de green.
Olazábal se lo ha pasado hoy como un enano y eso lo compensa ya todo. Ha empezado con once golpes en los tres primeros hoyos, dos birdies y un par. Ese parcial de dos menos no lo conseguía desde el año 2006 y sólo lo ha hecho seis veces en 37 participaciones en el Masters. Su resultado de 34 golpes en los nueve primeros es el tercero mejor de su carrera, sólo superado por los 32 de la cuarta ronda de 2006 y los 33 de la tercera de 1994, cuando ganó su primera Chaqueta Verde.
Ha sido, simplemente, una gozada. Pocos se merecen tanto una alegría de este calibre en Augusta como Olazábal. El corte ya será otro cantar. Al menos, lo va a pelear. «Si hoy he jugado bien y he terminado con +2, está claro que queda todavía mucho que luchar». Pero lo de hoy ya no se lo quita nadie. Esas tres miradas a los leaderboards de Augusta siendo líder lo compensan todo. Por cierto, Olazábal tiene 60 años. Todos en pie.



