Jon Rahm (+5) ha entregado una tarjeta de 73 golpes en la tercera jornada del Masters de Augusta. Día gris. Pobre. Insulso. Malo. Es el moving day y el campo está preparado para poder atacar. Aquí no hay ningún drama, no hay tragedias. Las mangueras están funcionando más que en San Mamés en la era de Clemente y los greenes se mantienen receptivos y a buena velocidad. Hay birdies. Muchos. Y hay que hacerlos para meterse arriba. La vuelta de 73 lo deja donde estaba, es decir, muy atrás.
Jon ha empezado la vuelta de manera notable. Ha sacado un gran birdie en el hoyo 1. Ha jugado de libro. En el 2 ha fallado al búnker y se ha dejado una opción de birdie larga, pero en el 3, de nuevo, dos golpazos y otro magnífico birdie. El arranque que necesitaba en un sábado de Masters. La cosa pintaba bien.
Además, por si fuera poco, gran tiro en el hoyo 4, aunque después confesaba que la había fallado un poco y había tenido suerte, y opción de birdie de un metro y medio. Ha fallado el putt de birdie, «el más fácil que podía tener en ese hoyo», y de repente todo ha cambiado. Ha pegado un mal golpe de salida en el 5, el segundo tampoco ha sido bueno y ha terminado con bogey. Frenazo y la posibilidad de un gran moving day, al limbo.
A Jon no le está saliendo nada en este Masters y por primera vez en su carrera se encuentra en un limbo, sí, como su moving day, en el que no había estado nunca. No es nada fácil escuchar al león de Barrika admitir que no sabe lo que está pasando. Eso no va con él. Al revés, Jon si por algo se caracteriza es por transmitir seguridad y convicción sobre lo que está haciendo y lo que está pasando. Esta semana no. Es una sensación distinta y así lo ha transmitido.
«No sé lo que está pasando. Tampoco creo que el swing sea malo. No sé. La verdad es que no sabría decir. Estoy bastante frustrado en general. No sé si es el swing, no sé si es el proceso, no sé si es… Lo voy a tener que pensar después, cuando coma algo, porque estoy un poco… no perdido, pero sí frustrado. Frustrado porque no siento que lo esté haciendo tan mal como para pegarle como le estoy pegando. Y hay golpes que han sido muy malos», ha afirmado con rotundidad.
Jon se ha referido al golpe 5, el segundo del 8, el segundo del 11, la salida del 14, la salida del 13, la del 18… Muchos. Demasiados. No es lo normal. El golfista vizcaíno ha reconocido que ya en los días de prácticas las sensaciones no habían sido buenas. Por cierto, en el hoyo 11 ha comentado que la bola tenía un poco de barro tras su golpe de salida, mala suerte, sobre todo con las condiciones tan secas, aunque no deja de ser una demostración de cómo está funcionando el riego esta semana. Después, en el 14 ha terminado la bola dentro de un árbol y ha tenido que pegar como ha podido entre ramas bajas para sacarla unos 20 metros. Ni siquiera podía dropar porque terminaba metido en un seto.
En definitiva, a Jon no le está saliendo nada esta semana. Va a remolque. La guinda de este pastel envenenado es su rendimiento en los pares 5. En tres días, doce hoyos, acumula un parcial de par, muy lejos de lo que requiere un torneo como Augusta. Ha hecho un doble bogey y dos birdies, el segundo hoy en el 15, su mejor hoyo del día, pateando para eagle desde unos siete metros.
Toca averiguar la manera de salir del limbo, el galimatías, la jerigonza en la que se encuentra ahora mismo su golf, al menos esta semana en el Masters de Augusta.



