
Rory McIlroy (-13) no podía ganar este Masters de otra manera que no fuera fallando la calle del hoyo 18. No hay mayor homenaje a su estrategia ni a su manera de entender y ejecutar el golf esta semana. También lo tenía que ganar sufriendo, tropezando y firmando golpes gloriosos. No hay mayor homenaje a Rorylandia.
Realmente, McIlroy ganó su segunda Chaqueta Verde con una vuelta final de 71 golpes, bastante antes de llegar al hoyo 18. Concretamente, en la icónica esquina del Augusta National mucho más famosa por sus tragedias que por sus glorias. El Amen Corner. Así la bautizó por primera vez el periodista Herbert Warren Wind (no podía tener un apellido más apropiado) en su crónica de la victoria de Arnold Palmer en 1958.
El Amen Corner, definido de manera canónica, comprende el green del hoyo 11, todo el 12 y la salida del 13. Pues bien, Rory ha metido un putt crucial y muy delicado de par de tres metros en el 11, ha pegado un golpe sensacional en el 12, embocando también el putt de birdie de unos dos metros, y ha descerrajado una salida fabulosa en el 13 de 350 yardas para poner en bandeja un birdie que sonaba a bastante definitivo. De manera casi poética, McIlroy metía un brazo en la manga de la chaqueta en el mismo lugar que tan mal se lo hizo pasar el año pasado con un doble bogey. Esto es Rorylandia. Lo mejor y lo peor.
Porque Rory ha sufrido este domingo lo más grande. Otra vez. Arrancó lento. Permitió, con dos pares en los hoyos 1 y 2, que Cameron Young fuera el primero en ponerse líder en solitario. Reaccionó en el 3 con birdie, pero acto seguido venía un doble bogey. De nuevo, sí, cómo no, Rorylandia. En los últimos 30 años del Masters sólo en cuatro ocasiones el campeón ha cometido un doble bogey en la vuelta final. Pues bien, la mitad son del norirlandés. Dos en 2025 y uno en 2026. Los otros dos del club son Scottie Scheffler en el hoyo 18 de 2022, con el Masters ya ganado, y Trevor Immelman en 2008. Así es Rory.
McIlroy llegó a ponerse con -9 después del 6. En apenas 24 hoyos había pasado de gozar de seis golpes de ventaja a tener a tres jugadores por delante (Young, Rose y Henley) y estar empatado con otros dos (Scheffler y Hatton). Daba la sensación de que Rory se estaba deshaciendo. Cierto es que el doble bogey del 4 fue como una broma macabra. Falló el golpe de salida, pero su approach de recuperación fue delicioso y pasó rozando el hoyo. Su putt de par volvió a rozar el hoyo y su putt de bogey le hizo corbata.
A partir del hoyo 7, Rory empezó a entrar en ritmo. Birdie de libro. Sumó otro en el 8 y jugó de manera quirúrgica el Amen Corner. Parecía que el Masters se estaba definiendo. Justin Rose, que llegó a ponerse líder con un golpe de ventaja, empezó a balbucear, precisamente en el Amen Corner. Madre mía cómo pesa el liderato del Masters, incluso a alguien tan curtido como Rose. Henley se asomó, pero no terminó de definir. Le faltó instinto asesino en los greenes, con esas buenas opciones de birdie en los hoyos 14, 15 y 17 que se fueron al limbo. Cameron Young, el otro líder al empezar el día, se quedó como una imagen de televisión congelada con nueve pares seguidos para acabar. ¿Y Scottie Scheffler (-11), qué?
Pues el Número Uno del mundo volvió a ejercer como tal y se convirtió en el gran rival de McIlroy en el último tramo. Su birdie en el hoyo 15, tras fallar la salida y rebotar su segundo golpe contra un árbol para avanzar apenas 60 metros, estaría guardado en un museo del deporte de haberse llevado él la chaqueta. Hizo otro en el 16 y de pronto se puso a dos de Rory con dos hoyos por delante. Jugó un hoyo 17 inmaculado y el putt de birdie sencillamente no quiso entrar. Lo tiró de manera fantástica y rozó el borde izquierdo. ¡Ay!, de haberla metido…
Scheffler, sin su mejor juego en toda la semana, más allá de ese gran sábado, se quedó finalmente a un golpe, el centímetro que le faltó a su putt del 17, de forzar el desempate. Esa es su grandeza. Segundo en solitario.
Todo parecía dispuesto para celebrar la segunda victoria de McIlroy, pero aún tuvo que sufrir. No sería Rory, de lo contrario. En el hoyo 15, su tercer golpe estuvo a poco más de un metro de irse al agua, en el 16 ejecutó una recuperación maravillosa desde la parte trasera del green. Recordó al famoso chip de Tiger Woods de 2005, aunque McIlroy optó por patear. Y no lo metió, pero la dejó dada. También tuvo que recuperar en el 17 para par y terminó fallando la salida del 18 para rematar el triunfo con un bogey. Incluso la suerte de que se le quedara perfecta por la derecha es fruto de su estrategia, ya que fue tan larga que pasó todos los árboles.
Veremos si Rory llega a las cinco o seis chaquetas verdes, como pronóstico Fred Couples. De momento tiene dos. En el día que la leyenda del Amen Corner y la de Rory se fundieron.


