Rory McIlroy (-11) arrancó la tercera jornada del Masters de Augusta como líder destacado con una distancia récord de seis golpes respecto al segundo puesto. Dieciocho hoyos más tarde mantiene el liderato, pero la ventaja se ha esfumado por completo. Ahora comparte la cabeza con Cameron Young (-11) tras entregar una tarjeta de 73 golpes, su peor sábado en Augusta desde 2016.
Así es Rory. Así es Rorylandia. Lo mismo te bate un récord histórico del Masters que te juega sobre par en una jornada donde de entregaron 19 tarjetas por debajo de 70 golpes. Lo mismo te acaba el día con seis birdies en los últimos siete hoyos que te rubrica un parcial de +3 en el Amen Corner. Es McIlroy en estado puro. Como para aventurarse a decir qué versión vamos a ver este domingo en la última jornada del Masters. Rory ha convertido el desenlace del primer Grande del año en una maravillosa locura. Eso hay que agradecérselo. Lo mismo que el inmenso espectáculo que ofreció el viernes.
El Masters ha decidido que hubiera birdies en el moving day. Manguerazo y tentetieso. Greenes receptivos y no endiabladamente rápidos. Ni siquiera muy rápidos. Lo dejaremos en rapiditos. Cameron Young y Scottie Scheffler han sido los que mejor han aprovechado las condiciones, entregando sendas tarjetas de 65 golpes. Ese cóctel explosivo de mal día de Rory con jornada propicia para birdies, ha hecho que muchos jugadores se metan en la batalla por la victoria.
Tenemos a todo el top 10 apretado en cinco golpes. Sam Burns (-10) está a uno de McIlroy y Young. Shane Lowry se ha colocado a dos. Jason Day y Justin Rose están a tres. Scottie Scheffler y Haotong Li se han puesto a cuatro. Y Russell Henley, Patrick Cantlay y Patrick Reed están a cinco. A todos ellos hay que darles opciones. La lista de candidatos es de lo más ilustre. Hay cinco jugadores que ya saben lo que significa ganar un Grande y otros tres que llevan un tiempo llamando a la puerta. Haotong Li es el caso más exótico. No se le puede considerar un favorito, pero tampoco es ninguna extrañeza verlo ahí arriba. Lo tiene todo: juego, actitud, valentía y mucho desparpajo. Incluso ese punto de locura necesario para creerse que puede ganar un Grande.
La tercera jornada del Masters ha sido preciosa. McIlroy ha ido abriendo la puerta desde el principio, con un bogey en el hoyo 1 y después de no aprovechar el hoyo 2. Parecía que el birdie del 3, tras poner su bola en el green con un drive descomunal, volví a poner las cosas en su sitio. Pero fue un espejismo. Hoy toca la vuelta pestosa y sufrida. Su día desde el tee ha sido parecido, pero se ha metido en más problemas y no ha estado tan fino recuperando, ni con el putt. Ha fallado dos cortos de los que duelen mucho, en el hoyo 11 para bogey, después de marcharse al agua, y en el 17 para par. Ese error minimizaba su buena reacción con dos birdies en el 14 y 15. Arriba y abajo. Una montaña rusa. Rorylandia. Lo mejor y lo peor.
A partir de ahora y hasta que empiece la última ronda, a Rory le queda la misión de decidir cómo pensar. La realidad es que hoy ha jugado mal y ha perdido su enorme ventaja, pero al mismo tiempo sigue siendo el líder del Masters, aunque sea compartido. Su lectura debería ser la siguiente: habría firmado esta situación el viernes por la mañana. Que nadie lo dude. Curiosamente, la experiencia del año pasado le viene que ni pintado para superar esto. Salió el domingo de líder, llegó a perder el liderato, firmó 73 golpes y acabó ganando el Masters en el desempate. Situaciones idénticas que se saldaron a su favor.
Cameron Young es un enemigo fiero. Su victoria en el THE PLAYERS le ha colocado en otra dimensión. Es uno de los grandes y hoy lo ha demostrado como lo hacen los grandes, no tanto con sus ocho birdies en el día, como con su extraordinario bogey en el 15 tras visitar el agua de tercer golpe. Es un jugadorazo hecho y derecho y, como Rory, también hizo un 73 esta semana, en su caso en la primera jornada.
Por supuesto, no puede pasar desapercibida la presencia de Justin Rose de nuevo en la pelea por ganar el Masters. Sensacional lo del jugador inglés. Nadie ha hecho más que él en los últimos años para ganar la Chaqueta Verde. Del mismo modo, el mal día de Rory ha metido en la ecuación a Scheffler. Mucho cuidado con los rugidos que puede ir metiendo el campo si el Número Uno del mundo lanza un ataque similar a su fabuloso parcial de cinco menos hoy en los nueve primeros.
Bienvenidos a un domingo final de órdago en el Masters. Un domingo plagado de incógnitas, aunque sobre todo dos: qué versión veremos de McIlroy, nos creemos todas, y qué campo va a preparar el Masters, ¿seguirá con el buenismo de los birdies o dará las cuatro o cinco vueltas de tuerca necesarias para asistir a una batalla de supervivencia por la Chaqueta Verde?



