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Masters de Augusta | Declaraciones de Rory McIlroy

El McIlroy más feroz: «Desde luego no quiero parar aquí»

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Rory McIlroy sostiene el trofeo de campeón del Masters.
Rory McIlroy sostiene el trofeo de campeón del Masters.

Rory McIlroy ha cambiado su discurso respecto al año pasado. Cuando ganó su primer Masters y completó el Grand Slam Career daba la sensación de que todo estaba ya hecho, que había conquistado la cima de su carrera, que a partir de aquí todo sería un bonus. Ahora, después de su segundo Masters, es diferente. Da la sensación de que al norirlandés se le ha abierto más si cabe el apetito. Habla como alguien que ha descubierto que todavía le quedan muchas montañas por subir. Su segunda victoria consecutiva en el Masters de Augusta, la que le ha dado el sexto grande de su carrera, no suena en su discurso como una meta cumplida, sino como una estación más en el camino. Rory quiere más. Mucho más.

“Sentía que el grand slam era el destino, y me di cuenta de que no lo era”, explicó después de enfundarse por segunda vez seguida la Chaqueta Verde. “Estoy en este camino hacia… no lo sé, acabo de ganar mi sexto grande, y siento que estoy en un muy buen momento con mi juego y con mi cuerpo”. La frase define perfectamente el momento vital y competitivo del norirlandés. Ya no hay alivio, ni liberación, ni la sensación de haber cerrado una cuenta pendiente con la historia. Lo que hay es hambre.

No quiere ponerle una cifra a su ambición, pero tampoco la esconde. “No quiero ponerle un número, pero siento que esta victoria es una parte del camino. Todavía tengo cosas que quiero conseguir”. Y, sobre todo, dejó una frase que retrata con nitidez su estado de ánimo actual: “No le pongo un número, pero desde luego no quiero parar aquí”.

La clave es precisamente esa. El Rory de 2025 parecía un campeón que, al fin, había conquistado el gran castillo que llevaba años asediando. El Rory de 2026, en cambio, se presenta como un ganador que ha vuelto a coger carrerilla. “Me llevó diez años ganar mi quinto grande, y el sexto ha llegado bastante pronto después”, recordó.

Ganar el Masters el año pasado y ganarlo este año son cosas distintas

“Este año me di cuenta de que, sencillamente, es muy difícil ganar el Masters. Intenté convencerme de que eran las dos cosas. Evidentemente hice la mayor parte del trabajo el jueves y el viernes. No creo que hubiera creído a nadie si me dicen que todo lo que tenía que hacer era jugar al par el fin de semana y que con eso iba a ganar. Desde luego pensaba que iba a necesitar salir ahí fuera y, al menos, hacer un par de vueltas bajo par”.

Cómo sacó adelante el domingo

“El campo por la tarde… Ayer estaba asequible prácticamente todo el día, pero hoy el viento soplaba un poco más. Había rachas. Eso lo hizo bastante más complicado, especialmente en los nueve segundos hoyos. Creo que, en líneas generales, golpeé mejor la bola hoy, lo cual fue bueno de ver, pero aun así necesité apoyarme en mi juego corto en esos últimos hoyos. El approach y putt salvando el par en el 16 y el del 17 fueron enormes. Sí, estoy absolutamente encantado de haber podido rematarlo. Llegar al fin de semana con seis golpes de ventaja y no ser capaz de cerrar el torneo habría sido una píldora muy amarga de tragar”.

La lección que le deja Augusta

“Quizá que las cosas buenas llegan a quien sabe esperar. Simplemente hay que seguir. Hoy me encontré en una posición muy parecida a la del año pasado en la última ronda, dos o tres golpes por detrás, pero después jugué un golf muy sólido. Fui cuatro bajo par en un tramo de 11 hoyos, que era lo que necesitaba para darme ese colchón de cara al final. Simplemente intenté centrarme mucho en mí mismo. Pensaba que si podía llegar a 14 bajo par, los demás iban a tener problemas para alcanzar esa cifra. Ese era el número que tenía en la cabeza. Llegué a 13 en el último y tenía esos dos golpes de margen. No llegué del todo a ese 14 bajo par, pero sí, simplemente hay que seguir. Baja la cabeza y sigue adelante. Si echas las horas y trabajas en las cosas adecuadas, al final las cosas te salen”.

El golf como reto mental

“Tienes mucho tiempo para pensar. Estás ahí fuera durante mucho tiempo. Hay mucho tiempo entre golpe y golpe. Hay mucho tiempo entre ronda y ronda. Creo que, de entre todos los grandes deportes, éste es el más mental. Es el más exigente mentalmente. Creo que es difícil mantenerse en el mismo espacio mental durante cuatro días seguidos. Pasan pequeñas cosas que empiezan a hacerte dudar. Es muy difícil mantenerse en el sitio correcto… no ya en el sitio correcto mentalmente, sino en el mismo sitio mental durante un periodo largo de tiempo”.

Un triunfo sufrido, no sencillo

“Sí, yo no lo pongo fácil. Solía hacerlo fácil a principios de mis 20, cuando ganaba estas cosas por ocho golpes. No, sencillamente es duro. Es duro ganar torneos de golf. Sí, especialmente aquí. Puede que haya habido un par de ganadores que se escaparon con claridad a lo largo de los años, pero aquí casi siempre parece haber un final muy apretado. Creo que es por la naturaleza del campo y por lo que hay en juego. Desde luego yo no sentía que lo tuviera hecho el viernes por la noche, y sabía que aún quedaba trabajo por hacer. Pero sí pensaba que necesitaría jugar bajo par para cerrarlo, aunque por suerte hice lo suficiente”.

Lo que pasó en el 13 mientras esperaba a Cameron Young

“No sé qué había pasado, pero a Cam se lo llevaron detrás de los setos un par de árbitros para hablar de algo que pudo o no haber pasado en el campo. No sé de qué se trataba. No se lo pregunté. Pensé que, en vez de ir hasta allí y quedarme esperando junto a mi bola una eternidad, mejor me quedaba atrás hasta que Cam saliera. Ese segundo golpe no me gusta especialmente, así que tampoco necesito estar allí mirándolo demasiado tiempo. Así que intenté esperar atrás… simplemente para poder llegar a la bola y hacer mi rutina normal, sin estar esperando allí arriba lo que para mí parecería una eternidad”.

Cómo se fue marcando objetivos durante la ronda

“Sí, el mismo objetivo. Pensé que, si podía llegar a 15 bajo par al empezar el día, sería una buena meta. También creo que me marco estos objetivos porque así no necesito mirar tanto los marcadores. Intento centrarme sólo en mí. Después del mal inicio, el doble bogey en el 4 y el bogey en el 6, miré hacia arriba y vi dónde estaba. Entonces pensé: vale, si consigo volver al par al pasar por el 9, entonces, en ese momento, pensé que si podía hacer 33 o 32 en los nueve segundos tendría una gran opción. Creo que marcarme objetivos es simplemente un mecanismo para no mirar demasiado los marcadores”.

El momento de mayor estrés

“Diría que caminando desde el tee del 18 sin saber dónde estaba mi bola. Creo que ese fue el momento de mayor estrés. Podía estar en cualquier sitio. Hubo algunos más. Pensé que mi segundo putt en el 11 fue enorme para evitar hacer bogey ahí. Tanto Cam como yo dejamos cortos nuestros putts allí, pero yo metí un segundo putt realmente bueno, y sentí que ese fue un momento importante del día”.

Resultados del Masters de Augusta