Sergio García (+3) ha pasado el corte en el Masters de Augusta, pero sus malas sensaciones no han cambiado un ápice. «Si sigo jugando de esta manera, lo mejor sería colgar la bolsa de palos». No lo dice así, no es textual, pero es lo que se interpreta de su gesto cuando atiende a los medios españoles desplazados a Augusta tras entregar una segunda tarjeta de 74 golpes.
La secuencia es la siguiente. Se le pregunta que si no ve nada positivo en el hecho de pasar el corte a pesar de no tener su mejor juego. Lo primero es que lo califica no como juego B, C o D, sino como «juego Z». Después, dice que hay tres maneras de verlo. La primera sí es positiva, ya que efectivamente demuestra que lo lucha y le pone garra para seguir en el torneo. Esa es la parte buena.
La parte menos buena es que es inevitable pensar que si su juego estuviera un poco mejor, podría verse incluso peleando con los mejores. La tercera es la más preocupante, la ms oscura. «El tercer pensamiento es cuándo va a terminar esta mala racha de juego… Y eso me lleva a otros pensamientos peores», señala. ¿Como qué?, se le inquiere. A lo que responde con el gesto simbólico de agarrar la bolsa de palos y ponerla a un lado. Es decir, se está refiriendo a colgar los palos.
Esta es la conversación exacta:
Sergio García: «Se puede mirar como diciendo, pues sí, ¿no? Bien peleado. La verdad es que una hazaña poder pasar el corte jugando tan mal o con sensaciones tan malas. Pero al mismo tiempo, bueno, también puedes pensar, si estuviera un poquito mejor, pues probablemente estaría ahí con opciones de ganar. Y lo tercero que puedes pensar es, ¿cuándo va a cambiar esto? ¿Que es lo que más me preocupa? Es lo que más me preocupa, porque pegarle como le estoy pegando a la bola me trae pensamientos que no son de los más bonitos.
Periodista: «¿A qué te refieres?»
Sergio García: (Hace el gesto de colgar la bolsa de palos).
Periodista: «¿Sí? Bueno, pero no estás ni cerca todavía».
Sergio García: «Bueno, nos vamos acercando. Cada vez estamos más cerca».
Periodista: «Eso es el calentón de ahora».
Sergio García: «Bueno, el calentón de cuatro meses. No es un calentón de una semana».
Es tal la frustración que atraviesa a Sergio de los pies a la cabeza que incluso se le pasa por la cabeza dejarlo. Así lo dice. Sin rodeos. El de Borriol siempre ha dicho que no le merece la pena jugar mal al golf o, al menos, sin tener el control de lo que está sucediendo con su swing. Ahora está perdido y, de momento, no ha encontrado el camino de vuelta. «Claro que estoy probando cosas nueva, lo estoy intentando, pero no hay manera».
García, con 46 años, aclara que el pensamiento de dejar el golf no es fruto ni mucho menos de un calentón. «A ver, sería un calentón si fuera un día, una semana, dos semanas, pero no cuando llevas cuatro meses y no sabes cuando va a terminar… ni si va a terminar», afirma.
El gran problema técnico de Sergio en estos últimos tiempos tiene que ver con el driver. «Estoy fallando por los dos lados, por la izquierda y por la derecha, y eso es lo peor. Si lo fallas por un lado, más o menos lo puedes controlar, pero por los dos… Con todo, con los hierros y tal, pero sobre todo con el drive. Y si en mi juego no funciona el drive, mi juego se viene abajo. Si yo no le pego bien al drive, que es lo que mejor he hecho toda mi vida, mi juego entero se viene abajo porque me quita toda la confianza del resto», aclara.
Por supuesto, volvemos al principio, estamos hablando de sensaciones. La realidad es que Sergio ha cogido nueve y diez calles en los primeros días del Masters, que no es ningún desastre. Está prácticamente en la media del torneo. Pero él no lo siente de esa manera. Así es muy difícil jugar al golf y mucho menos en un major. «Ahora mismo me pongo sobre la bola y espero que no me dé un patatús mientras hago el swing. Y nada, después rezar para que la bola salga más o menos recta».
Sea como fuere, con la confianza a ras de suelo, la realidad es que Sergio ha logrado pasar el corte con una vuelta de 74 golpes este viernes en la que cometió doble bogey en el 17 tras fallar precisamente la salida al lado izquierdo. Es el segundo corte que pasa Sergio en Augusta desde que ganó en 2017, es decir, en sus últimas ocho participaciones. El objetivo ahora es ir recobrando la confianza para acabar el torneo lo más cerca posible de la cabeza y, sobre todo, para terminar de alejar es feo fantasma que tiene en la cabeza.



