Sergio García regresa a Augusta. Y lo hace como siempre, con ese vínculo especial que le une al Masters, donde logró un histórico triunfo en 2017 uniéndose a Seve Ballesteros y José María Olazábal. Pero esta vez lo hace con un discurso poco habitual en él. Sin grandes proclamas. Sin aspiraciones elevadas. Más bien al contrario.
El castellonense aterriza en el Augusta National con las expectativas muy contenidas, casi en modo supervivencia. «A ver si consigo pasar el corte. Eso ya sería una muy buena semana», reconoce sin rodeos. Una frase que lo dice todo. Y no es una cuestión de prudencia. Es una cuestión de sensaciones. Y ahora mismo no son buenas.
«Si supiera cómo solucionarlo, lo hubiera arreglado ya. Es sencillo. Estamos intentando ver si encontramos algo»
«No estoy muy contento en este momento… No me siento increíble», admite. «No le estoy pegando bien a la bola, simplemente». No hay excusas, ni rodeos. Sergio se muestra directo, incluso crudo en su análisis. «Si supiera cómo solucionarlo, lo hubiera arreglado ya. Es sencillo. Estamos intentando ver si encontramos algo».
El Masters siempre ha sido un refugio emocional para el capitán de los Fireballs de LIV Golf. El escenario de algunos de los mejores momentos de su carrera, coronados con aquella victoria que rompió años de frustración y le aupó a la cúspide del golf mundial. Pero ni siquiera Augusta parece suficiente esta vez para cambiar el estado de ánimo.
«Obviamente hay momentos buenos y malos. Afortunadamente, hay algunos momentos realmente buenos aquí», explica. Y tira de memoria: «El golpe en el 15, en el 17 el domingo… y el putt ganador». Recuerdos que siguen ahí, pero que ahora funcionan más como apoyo emocional que como impulso competitivo real porque no se ve, al menos a priori, en condiciones de pelear por lograr su segunda Chaqueta Verde.
Porque la realidad es otra. Una temporada irregular, con demasiados altibajos. «Han sido semanas flojitas, con alguna vuelta buena, pero en líneas generales las sensaciones durante todo el año no han sido muy buenas», reconoce. «Quitando a lo mejor las dos primeras semanas… es lo que hay», insiste. Y Augusta, precisamente, no es el mejor lugar para esconder debilidades.
«Si no driveas bien a la bola es casi imposible hacer algo aquí», explica. El campo ha cambiado, se ha endurecido, exige más que nunca desde el tee. «Estás pegando palos mucho más largos a green… y eso siempre es complicado». Aun así, Augusta sigue siendo Augusta. Y Sergio, Sergio. El campo le sigue transmitiendo lo de siempre. «Está muy bien, como siempre. Siempre hay una pequeña sorpresa, algún detalle nuevo…», cuenta. Y también espera que las condiciones acompañen: «Será agradable jugarlo firme y rápido, como se supone que debe ser».
Ahí puede haber una pequeña rendija. Un escenario más exigente, más clásico, donde el control y la experiencia pesen más que la forma del momento. Pero ni siquiera eso cambia el planteamiento inicial. Esta vez no hay discurso de candidato. No hay objetivos ambiciosos. Hay trabajo, dudas… y una meta muy clara y muy terrenal. Pasar el corte. Y a partir de ahí, ya se verá. Porque si algo ha demostrado Sergio García a lo largo de su carrera es que Augusta nunca se puede dar por cerrado del todo. Ni siquiera cuando él mismo baja las expectativas.
Olazábal, a disfrutar la semana
José María Olazábal volvió a Augusta con la emoción a flor de piel y una mirada inevitable hacia el paso del tiempo. «Es un sitio muy especial para mí, tengo grandes recuerdos preciosos… y cuando eres consciente de que cada vez queda menos, intentas aprovecharlo lo mejor posible», confesó el doble campeón, que encara una nueva participación como un privilegio más que como una obligación competitiva. Su objetivo, claro: disfrutar de la experiencia «lo máximo posible», aunque sea, como él mismo matiza, «entre comillas».
En lo deportivo, el guipuzcoano no esconde las dificultades. Su juego corto sigue siendo su gran aliado —»a una altura extraordinaria»—, pero reconoce problemas importantes con los hierros: «Estoy muy fallón y eso es un hándicap importante». Olazábal asume que en Augusta eso se paga: «Por muy buenas que sean las manos, este campo siempre te va a pillar antes o después si sigues fallando greenes». Aun así, sigue en la pelea, buscando sensaciones de aquí al jueves para poder competir… y, sobre todo, disfrutar un poco más.



