El Valero Texas Open que arranca este jueves corre el serio peligro de diluirse como un azucarillo en la irrelevancia ante la inminente llegada la próxima semana del Masters de Augusta, así como estas fechas de Semana Santa más proclives para la playa, montaña, pueblo o procesiones que para un torneo regular del PGA Tour. Sin embargo, es un torneo con más enjundia de lo que parece, precisamente porque el primer Grande del año está a la vuelta de la esquina.
De hecho, el torneo se divide en dos tipos de jugadores: los que ya están clasificados para el Masters, y por tanto van a utilizar el Valero Texas como banco de pruebas, y aquellos que tienen ante sí la última oportunidad de clasificarse y a los que sólo y exclusivamente les vale ganar el domingo. Si hubiera una pelea entre los dos grupos, ganarían por aplastamiento los segundos, aunque quizá sorprenda que no son tan pocos los que juegan Valero y Masters.
Concretamente, son 24 los jugadores con plaza segura que han decidido competir la semana previa a Augusta, tres de ellos top 10 mundiales: Tommy Fleetwood, Collin Morikawa y Russell Helney. Igual no parecen muchos si los comparamos con los otros 108 que juegan en San Antonio y no están clasificados. Sin embargo, en realidad son más de una cuarta parte del field del Masters, ya que en el mejor de los casos no superará los 94 jugadores (ahora mismo son 93 y puede ser entre 92 y 94, en función de quién gane el Valero y la decisión final de Tiger).
Realmente, la gran faena es que gane el Valero uno de lo 24 jugadores que ya están clasificados. Primero, obviamente, porque se desperdicia una plaza y segundo porque no está nada claro que sea bueno eso de aterrizar en el Masters con un trofeo bajo el brazo aún caliente. De hecho, sólo cuatro jugadores han ganado el Masters la semana después de ganar un torneo. El último fue Phil Mickelson en 2006. Antes lo lograron Sandy Lyle (1988), Art Wall Jr. (1959) y Ralph Guldahl (1939).
Los 24 que utilizarán el Valero como banco de pruebas pre Masters, además de los citados tres top 10 mundiales, son: Ludvig Aberg, Daniel Berger, Brian Harman, Max Homa, Johnny Keefer, Michael Kim, Si Woo Kim, Haotong Li, Robert MacImtyre, Hideki Matsuyama, Matt McCarty, Maverick McNealy, Collin Morikawa, Alex Noren, Andrew Novak, Marco Penge, Kristoffer Reitan, JJ Saoun, Jordan Spieth, Sepp Straka, Nick Taylor y Sami Valimaki. Hay que matizar que algunos de ellos, además de preparar el Masters, andan algo necesitados de puntos de FedEx Cup.
En el otro lado están los 108 que apuran su última opción para entrar en el Masters. Hay varios nombres muy destacados. Los principales son Tony Finau, Rickie Fowler, Billy Horschel y Will Zalatoris. Seguramente, el más relevante de todos por números es Finau, aunque sea nombre de volar habitualmente por debajo del radar. El motivo es que el golfista de Utah de origen samoano ha disputado todos los majors desde el Open Championship de 2017. Es decir, acumula 33 consecutivos sin faltar a una sola cita, más allá de aquel triste Open de 2020 que no se celebró.
Además, los números de Finau en el Masters no son nada malos. Debutó en 2018 con un décimo puesto, no está mal. Además, ha sido quinto en 2019 y décimo otra vez en 2021. De los ocho que ha jugado sólo una vez falló el corte, precisamente el año pasado. Así las cosas, si Finau no quiere parar su racha en 33, deberá ganar el Valero Texas.
Otra ausencia destaca sería la de Fowler, aunque no es tan extraña. El icono de Puma sólo ha jugado un Masters desde 2021, aunque tiene también muy buenos resultados (2º en 2018, 5º en 2014 y 9º en 2019). Del mismo modo, a Horschel se le echaría de menos. Sólo se ha perdido dos (2017 y 2024) de los últimos doce. Por su parte, Zalatoris ya faltó en 2023, pero en 2021 debutó con un 2º, fue 6º en 2022 y 9º en 2024. El año pasado falló el corte.
Más nombres interesantes que están ante su última oportunidad de jugar el Masters: Brandt Snedeker, Jhonattan Vegas y Michael Thorbjornsen, en gran estado de forma y uno de los favoritos principales para ganar y llevarse la plaza para el Masters. El problema de todos ellos es que son muchos y sólo lo puede conseguir uno.



