– Se confirmó la guasa: Rory McIlroy, ganador de la noventa edición del Masters, terminaba el torneo abajo del todo en la estadística de calles cogidas (31/56). De los 54 jugadores que pasaron el corte sólo Marco Penge cogió menos calles (30/56), pero claro, mientras el inglés terminaba 49º con un acumulado de +6, el norirlandés remataba los 72 hoyos con 18 golpes menos y encadenaba su segunda chaqueta verde…
– No siempre el ganador del Masters ha sido uno de los mejores en este apartado, también hay que decirlo. El Augusta National, en este sentido, es un campo más permisivo que otros que uno suele encontrarse en los Grandes. Pero esto es una cosa y otra muy distinta es ganar dos Masters seguidos siendo en ambos casos uno de los tres peores en esta estadística.
– Hay maneras y maneras de fallar calles en este campo y Rory ha escogido la suya. Ya ha quedado dicho esta semana: pegar muy duro desde el tee y asumir lo que toque, a sabiendas de que muchas veces, en el peor de los casos, al menos estará más cerca del green. Después, claro, hay que preparar la segunda y tercera parte del plan…
– La segunda consiste en trabajar con astucia y perseverancia todas esas situaciones peliagudas en las que uno pueda meterse cuando no coja pista. Por eso, Rory salía a jugar el Augusta National estas semanas atrás con la intención de hacer el mejor resultado posible y con una sola bola. Así, el de Holywood no ha sido ni de lejos el que más greenes en regulación ha cazado en 2025 ni en 2026, pero en este apartado se ha mostrado mucho mejor (fue el 16º en GIR en 2025 y el 22º en 2026).
– Y la tercera parte del plan, y seguramente más importante, consiste en trabajar hasta casi el delirio las recuperaciones en cada esquinita de cada uno de los 18 hoyos del titán de Georgia. Después, claro, cada cual tiene sus manitas y no todas son igual de templadas y finas… Las de Rory sí lo son, pero es que además las trabaja sin descanso.
– A finales del año 2024, durante la pretemporada previa a 2025, Rory estableció algunas prioridades en su agenda de trabajo y lo hizo de acuerdo a la gran referencia del momento, Scottie Scheffler, que venía de ganar tropecientos torneos aquel año, con medalla de oro olímpica incluida. Rory se hizo una pregunta en aquellos días desde la honestidad, e incluso desde la humildad: ¿qué parcelas tengo que mejorar, tomando como referencia al tipo (Scottie) que nos está pasando por encima a todos? Y, con los números en las manos y la experiencia vivida en la cabeza concluyó que había dos puntos fundamentales. Uno era la estrategia en el campo. Y el otro, el juego corto. El ciclón Scheffler hizo que Rory re aprendiera de alguna manera el peso decisivo del juego corto. Gracias a aquel sabio reseteo, entre otras cosas, estamos hoy donde estamos, con el Grand Slam Career en el bolsillo de Rory y dos chaquetas verdes en el armario.
– El Masters de Scottie Scheffler no hay por donde cogerlo para analizarlo, pero sea como sea sobre todo nos habla de la grandeza inconmensurable de este jugador, capaz de luchar por la victoria in extremis sin su mejor versión. Sólo el sábado recordó al intratable Número Uno del mundo que es, porque ni siquiera el domingo, a pesar de esa notable tarjeta de 68 golpes, libre de bogeys, tenía uno la sensación nítida de encontrarse ante la mejor versión del texano, ni mucho menos. Él lo tenía claro ayer, al hacer un resumen de su semana: el viernes por la mañana tenía delante un campo muy jugable, un campo donde se estaban haciendo muchos birdies y él sencillamente no fue capaz. Hasta ahí, su análisis. La pregunta es, más allá del azar y de que no siempre salen las cosas como uno quiere, por qué Scottie no fue capaz. No se le veía cómodo, seguramente acuciado por esas prisas que ya han aflorado este año en más de una ocasión después de que ganara el American Express en su primera comparecencia. Ni siquiera Scheffler puede ni debe anotarse un birdie en la tarjeta antes de conseguirlo…
– La siguiente parada en clave de major, en apenas un mes, será el PGA Championship, que se disputa en el Aronimink Golf Club, situado en Newton Square, un suburbio de Filadelfia. Tiempo habrá de darle vueltas a la cita y de contar mil historias, pero vaya por delante un jugoso y pertinente adelanto…
– En este bello y clásico recorrido del Aronimink (abrió sus puertas en 1928) sólo se ha jugado un Grande, el PGA de 1962 que ganó Gary Player, pero también se disputaron en los últimos años dos torneos del PGA Tour. Uno fue el AT&T National en julio de 2010; y otro el BMW Championship de 2018, que entonces fue tercer play off de la FedEx Cup. Pues bien, el primero lo ganó Justin Rose y el segundo Keegan Bradley, después de batir en un desempate a… Justin Rose. ¿Tendremos de nuevo al veterano inglés en lo más alto?
– Un último toque de pimienta: en aquel BMW de 2018 Rory McIlroy salía el domingo a jugar en el partido estelar junto a Rose y Schauffele (salieron de tres en tres), a un solo golpe del líder, Rose. Pues bien, el norirlandés terminaba quinto, a dos golpes del desempate que jugaron el inglés y Bradley, después de patear para birdie en los 18 greenes (en dos ocasiones lo hizo desde el collarín) y en trece ocasiones desde menos de seis metros… Rory, aquel día, jugó mejor que nadie de tee a green y debió ganar, pero sólo embocó dos putts de birdie: uno desde apenas un palmo y otro desde un metro. ¿Será capaz este tipo de hacer un doblete, Masters y PGA, que de alguna manera lo ponga en la senda del imposible Grand Slam? Bueno, ya habrá tiempo de contarnos el cuento de la lechera. Y además, en un mes, en Filadelfia, tendremos a un tal Scheffler sediento de sangre y gloria. Entre ellos dos, Rory y Scottie, por si alguno todavía no se había dado cuenta, han ganado cuatro de los últimos cinco Grandes.



