
Lo que ha hecho hoy Steve Stricker (-7) en el Atlanta Athletic Club, durante el turno matutino de juego de la primera ronda del PGA, hay que ponerlo a la altura de las demostraciones singulares de Rory McIlroy hace algo menos de dos meses en Congressional durante el US Open…
El contraste entre ambos se antoja casi como una pura evidencia: ante la arrolladora energía y el explosivo talento del pecoso Rory, el bueno de Steve, que a sus 44 años todavía llora ante las cámaras cuando gana un torneo (y ha ganado unos cuantos en los últimos tiempos…) y que podría estar ya de vuelta de todo. Pero Stricker es un caso especial. No renuncia a una tercera y esplendorosa juventud, tras subirse de nuevo al tren del éxito cuando los 40 llamaban a su puerta.
Nos da la sensación, además, y aún a riesgo de entrar en comparaciones odiosas, de que este recorrido nada tiene que envidiar al escenario del último US Open en lo que a dificultad se refiere. Por ahí andan. Así que esa tarjeta libre de bogeys del veterano norteamericano (63 golpes en este par 70) es una joya. Sólo ha habido dos tarjetas sin borrón en el turno matutino de juego, la suya y la de Brandt Jobe, que ha finalizado dos abajo.
A años luz de Steve ha finalizado Tiger (+7). Stricker, se entiende (Adam Scott cerraba su primera vuelta con un interesante 69). A catorce golpes, para ser exactos. Terrible.
Un Woods vestido de rojo. Con el uniforme de los domingos. Y no, no ha sido un despiste. Era un mensaje nítido y rotundo del megacampeón: 'señores, esta semana me embadurno desde el principio con las pinturas de guerra'.
A juzgar por el inicio de su vuelta, así era. El guerrero cazador de 'majors' cabalgaba de nuevo. Y de qué modo. Tres birdies de Tiger en los primeros cinco hoyos. Salía por el hoyo 10 y hacía diana en el 10, 12 y 14. A partir de ahí… A partir de ahí ni él mismo se explica bien qué ha pasado.
Porque en sus últimos trece hoyos ha firmado un resultado parcial de diez arriba. Cinco bogeys y tres dobles bogeys, combinados con un solitario birdie más en el 5, son demasiado lastre como para poner paños calientes a la debacle. Si su 77 de hoy es una de las tres peores vueltas que ha realizado en su carrera en un Grande, qué decir y analizar de ese tramo que ha ido hoy del hoyo 15 al 9… Aquel 81 en el Open Championship de 2002 en Muirfield, en la tercera jornada, y poco más, pero aquello ocurrió bajo condiciones infernales de juego…
Tiger le ha perdido el hilo competitivo a la vuelta demasiado pronto este jueves. Un doble bogey en el 15, el par 3 monstruoso, donde se iba al agua, era el inicio de su vertiginoso descenso. Pero cualquiera puede irse al agua en ese hoyo, que luchará toda la semana por ser el más difícil del campo. Son gajes del oficio y su tiro no era tan malo. Simplemente se quedaba medio metro corto, quizá menos.
La cuestión por aclarar, si es que alguien puede hacerlo, es cómo han descarrilado casi todas las parcelas de su juego a partir de ese momento. Porque desde entonces pagaba muy caro cada error. Se le veía incapaz de recuperar en condiciones. Andaba sonado por el campo. Desinflado y vencido.
Sea como sea, hablamos de Tiger. A este hombre no le vamos a perder la fe. Y por supuesto, aguardamos impacientes su reacción de mañana. Va a necesitar un gran resultado sólo para pasar el corte. Porque sus opciones de victoria son poco menos que una quimera a las primeras de cambio.


