Inicio PGA Championship PGA Championship 2011 Y a ver esto cómo se explica…

Y a ver esto cómo se explica…

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Keegan Bradley (-8) se ha llevado el PGA Championship. Uno de uno. Primer 'major ' disputado de su carrera y primera victoria. Ciento por ciento de acierto y eficacia. Nada como el golf sobre la faz de la tierra…

A este muchacho de 25 años le van a salir ahora biógrafos (y hasta hagiógrafos) por doquier. Es de ley y justicia. Todos queremos saber más de él, más allá de sus lazos de sangre con Pat Bradley, mítica jugadora de golf. Más allá también de su irrupción devastadora en el golf de élite en 2011. Que más que irrupción ha sido erupción, con dos victorias a estas alturas, incluyendo un grande, y varias semanas más de éxito y resultados considerables (sin ir más lejos, la semana pasada en un WGC, otra cita de alcurnia).

Pero las pistas que va dejando son, a priori, reveladoras. Luego ya se verá, claro. Un golf agresivo, un drive explosivo (marca de los tiempos que corren), una mirada que suele buscar trapo en cada hoyo, y un belly-putter al fin triunfante en un 'major' (de aquí a nada veremos a chavales de nueve años competir con un putter escoba, lo que será más o menos agradable a la vista, pero en todo caso legal y legítimo…).

Más pistas. ¿Cómo ha podido ganar un jugador que venía de firmar triple bogey en el hoyo 15, casi sin margen para maniobrar de nuevo? La hechos lo explican de modo sencillo: firmando a continuación dos birdies en hoyos delicados de gestionar (16 y 17) y coincidiendo con el clásico tembleque final del líder, en este caso Jason Dufner, que encadenaba bogey tras bogey en los últimos hoyos. Hasta aquí, los hechos. Pero el meollo de la cuestión es la pasta de la que está hecho un novato que consigue revertir de este modo una tendencia lógica (la de deshacerse como un azucarillo cuando aprieta la presión).

Resulta casi delirante que el golf americano haya retomado la senda triunfante en los 'majors' de la mano de Keegan Bradley. Y jugándose la victoria en todo un PGA en un desempate ante Jason Dufner, otro americano, jugador de 34 años que todavía ha ganado siquiera un torneo del circuito regular… ¿Casualidad? Habrá que decir que lo que tienen por allí, en primer lugar, es calidad en cantidades industriales. Así ha sido siempre desde que allá por los años veinte del pasado siglo, antes incluso, los norteamericanos coparan ya éxitos y victorias en todos los grandes, desplazando, primero poco a poco y después de modo abrumador, a los inventores del cotarro.

Por eso también celebramos como celebramos el resurgir europeo, y los triunfos continentales en la Ryder. Porque el rival es un auténtico monstruo de mil cabezas.

Más pistas. Bradley ha jugado el desempate de tres hoyos con una fiereza sorprendente. Apuntando sin miramientos a la bandera, sacándose tirazos de aquí y allá, sin el más mínimo error ni asomo de duda, terminando este mini-recorrido (hoyos 16, 17 y 18) bajo par y siempre con opciones de birdie más que razonables. Jugándose, en definitiva, el bigote con un último hierro de calle en el 18 cuando seguramente el cuerpo pedía un tiro más conservador llegando, como llegaba, con dos golpes de ventaja…

Dufner había sido el mejor hasta el hoyo 68 del torneo. Hasta ese momento su fortaleza había hecho desistir a la pléyade de ilustres que venían atacando por delante del partido estelar. Karlsson, Donald, Westwood, Scott, Hansen… No eran ataques cualquieras. Alguno, como el de Karlsson, olían que apestaban a fulgurante y victoriosa remontada, con un parcial de seis abajo en el día a su paso por el hoyo 12, y un golf de mariscal…

Pero a todos los obligó Dufner con su registro, hoyo a hoyo, a seguir buscando birdies, a no contemporizar, a todos los llevó hasta el límite, a ninguno le permitió un respiro… Y todos ellos, sin excepción, pagaron el desgaste en la recta final, la más complicada del Atlanta Athletic Club.

Tras el desenlace final, con un Dufner casi resignado a su suerte tras fallar un primer putt de birdie cortito en el desempate, a Bradley le esperaba su sobrino Aiden (un bebé) en el green del mismo 18. La misma cuya sonrisa sirvió al jugador de Woodstock (Vermont) para aplacar sus nervios en el tee del hoyo 1 de la primera ronda, el jueves, tal y como explicaba el jugador. El tee de su primer hoyo en un 'major' 96 horas antes de levantar él la copa Wanamaker…

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