
Gonzalo Fernández Castaño (-5) se cuadraba en el green del hoyo 18 del Ocean Course de Kiawah Island para patear una vez más para birdie en la primera jornada del PGA Championship…
Venía de hacer un gran birdie en el reputado y temido par 3 del 17 y ahora apuntaba más de medio metro a la derecha del hoyo, pues tal era la caída. Después tocaba con mimo y limpieza una bola que rodaba mansamente hacia la cazuela, exactamente por donde tenía que rodar, pero que terminaba frenándose caprichosa a dos dedos del agujero.
Y esa fue la distancia que finalmente ha separado al madrileño del liderato del cuarto ‘major’ de la temporada, tras firmar un fantástico 67, a un solo golpe de Carl Petterson (-6), líder, con el mejor registro del turno vespertino de juego que le llevaba a la segunda posición, igalado con Rory McIlroy, Gary Woodland y Alex Noren.
Ya ven, Petterson jamás había bajado de 70 golpes en una ronda del PGA en siete ediciones, pero hoy comenzaba con tres birdies por sus cuatro primeros hoyos y terminaba sin bogeys en su tarjeta y, tras una espectacular jornada de caza, con quince greenes en el morral.
Gonzalo pasa por ser uno de los jugadores del golf mundial con una técnica y modos de putt más peculiares. Como muestra, un botón: ahora pateo con los pies juntos, ahora no… Pero, a su manera y con sus picos, se las ha ingeniado de un año a esta parte para ser más regular con el putter en la mano. De un modo burdo podríamos decir que patea mejor más veces al mes. Ese grip en pinza le ha ayudado lo suyo. Hoy, desde luego, se ha encontrado muy a gusto y fino en unos greenes de hierba paspalum que pueden entrarte o no por el ojo.
Como bien puede suponerse, no ha sido ésta la única virtud del español. En realidad, su juego de tee a green venía mostrándose ya muy sólido. Y cuenta también con la motivación de la Ryder, según él mismo ha explicado al finalizar su vuelta. Ya se sabe que este tipo de motivaciones pueden ser un arma de doble filo, pero a Gonzalo le ha dado alas en el arranque del PGA. «Estoy pensando mucho en la Ryder. Sería un sueño hecho realidad meterme en el equipo, mucho más con Chema de capitán, un héroe de mi niñez y de la Ryder. Pero sé que voy necesitar hacerlo muy bien aquí y seguramente también en Gleneagles», significaba al finalizar.
El resultado del madrileño tiene aún más mérito, pues el turno vespertino de juego ha complicado un poco las cosas. Soplaba más el viento y había hoyos (el mismo 18 sin ir más lejos) donde cazar el green en regulación era casi una aventura.
También en este turno se ha dejado ver por arriba un viejo lobo de mar como Miguel Ángel Jiménez (-3), que ha cruzado el Atlántico hecho un chaval de nuevo tras su top-ten en el British. Y eso que finalizaba con un bogey en el hoyo 9, un borrón que apenas hace daño, si tenemos en cuenta que ha sido el hoyo más difícil del campo.
Conmueve e impresiona en todo caso el empeño del malagueño por jugar su quinta Ryder Cup, que sería la tercera consecutiva, porque al igual que en el caso de Fernández Castaño, nadie dude de que ésta es su mayor motivación en la presente semana.
McIlroy escondía una carta bajo la manga


