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Las lagunas malditas de Tiger Woods

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Si algo ha caracterizado siempre a un devorador de ‘majors’ como Tiger es esa capacidad de mantener el más alto nivel de concentración durante horas y horas de competición…En el año 2012, sin embargo, este Tiger remozado y renovado que ya ha ganado tres torneos y que ha recuperado la excelencia en el juego, está sufriendo sorprendentes colapsos que, al fin y a la postre, le han privado de volver a ganar un Grande.

No puede decirse que vaya a ocurrirle lo mismo en Kiawah Island, porque todavía tiene margen de recuperación, pero sí es evidente que el momento de la suspensión del juego ha llegado justo en mitad de una esas pájaras puntuales que viene sufriendo este mega campeón en todos los ‘majors’ de este año.

En el Masters de Augusta cerró la primera vuelta con dos bogeys en los hoyos 17 y 18. En fin, nada que fuera tampoco alarmante. El viernes Tiger arrancó pronto la moto, con dos birdies tempraneros en los hoyos 1 y 3. Rugía el Tigre. Rugía el Augusta National. Sin embargo, un mal swing en el hoyo 4 terminaba provocando el bogey y el inicio de una de esas misteriosas lagunas de concentración, cerrando los primeros nueve con otros dos bogeys más.

En el US Open la laguna fue aún más profunda y sorprendente, tratándose de quien se trata. Salía el sábado a jugar en el partido estelar junto a Jim Furyk, y enseguida perdía pie con cuatro bogeys por los primeros seis hoyos. Woods quedó realmente tocado.

En el British de Royal Lytham dio la vuelta al mundo la imagen de un Woods casi de rodillas tratando de sacar la bola de un bunker junto al green del hoyo 6 en la jornada de domingo. La aventura terminó en triple bogey, pero en realidad aquello fue más fruto de la fatalidad, inseparable compañera de este deporte. De hecho, Woods siguió jugando después a buen nivel hasta que volvió a entrar de nuevo en uno de esos túneles… Dejó escapar el Open con otros tres bogeys consecutivos en los hoyos 13, 14 y 15, donde su nivel de juego y concentración disminuyó sensiblemente.

Hoy mismo, y después de la demostración del viernes, cuando se mantuvo en pie y desafiante en unas condiciones de juego terroríficas, ha vuelto a encenderse el piloto de emergencia. Coincidiendo, además, con la explosión en el campo de McIlroy y Scott, el californiano ha vuelto a tropezar en la misma piedra: bogeys en los hoyos 4, 5 y 7, a los que incluso podría unirse uno más en el 8, par 3, donde se ha dejado un putt de par delicado (de unos dos metros) tras un errático golpe desde el tee y que tendrá que gestionar después de la suspensión.

Hay un denominador común en todas estas lagunas. Normalmente han llegado (no siempre) después de algún error en los greenes. Hoy comenzaba jugando de libro, pero el error en algunos putts lo ha sacado de la burbuja. Es un virus universal en el golf: la desconfianza en el putt termina trasladándose a todas las parcelas del juego. Una ‘enfermedad’, en todo caso, contra la cual Woods siempre pareció vacunado. En primer lugar, porque fallaba muy poquito con el putter en la mano. Y en segundo lugar, porque su legendaria capacidad de concentración le ayudaba a pasar página antes de llegar al siguiente tee.

Todavía tiene a los líderes de este PGA a una distancia que puede controlarse (cinco golpes no suponen una brecha irreparable con 28 hoyos por jugar), pero tendrá que andar vigilante, porque estas lagunas ya le han costado muy caras en anteriores ‘majors’.