
Adam Scott (-5) acompaña a Jim Furyk en el liderato del PGA Championship una vez finalizada una primera jornada que, a pesar de sufrir una suspensión por tormenta eléctrica, pudo concluir.
El australiano no se baja del carro de la excelencia del golf mundial. Ese es el mensaje que está transmitiendo con su juego: «cuando llegue un Grande tendréis que contar casi siempre conmigo». A ese club pertenecen sólo un reducido grupo de jugones. Probablemente se cuenten con los dedos de una mano.
No es cosa de ahora, sino más bien de dos años a esta parte. En 2011 Scott fue 2º en el Masters y 7º en el PGA; en 2012 fue 8º en el Masters, 15º en el US Open, 2º en el British y 11º en el PGA; y en 2013, de momento, ha ganado el Masters y terminó 3º en el British… Vuelve entonces a la carga y a él precisamente hay que vigilarlo aunque sólo se lleven 18 hoyos disputados.
El australiano se ha quedado, igual que Furyk en el turno matutino, a un golpe del récord del recorrido de Oak Hill. Una serie esplendorosa de cinco birdies consecutivos por los primeros nueve (del 4 al 8 incluídos) fue la causa. Son esas rachas divinas de Adam…
Pero aún más vértigo causaba el arranque de Miguel Ángel Jiménez (-2) en el torneo. De entrada, por los nueve primeros hoyos sólo firmaba un par: bogey al uno, después cinco birdies consecutivos, bordando el golf, luego un desgraciado doble bogey al 7 y de nuevo birdie al 8. Miguel desatado. Por desgracia, terminaba con otro doble bogey en el 17 después de intentar llevar a green la bola con la madera 3 desde el rough. Pero la moraleja no puede ser negativa: el malagueño ha saldado el día con un resultado bajo par y una posición caliente entre los 25 primeros, a pesar de haber firmado dos dobles bogeys.
Y aún hay más: de un modo real y objetivo hay que significar que incluso se dejó por el camino excelentes ocasiones de birdie que no pudo convertir. Por ejemplo la del hoyo 15, par 3. Pegó un golpazo cerrando por encima del obstáculo de agua, situado muy cerca de la bandera, a su derecha según se mira desde el tee, dejando la bola entre el agua y el trapo, donde apenas había espacio. A ver. Seguramente él no quería apurar tanto, pero por otro lado este tiro resultaba un fiel reflejo de cómo anda su nivel de finura y confianza: ve el tiro y lo ejecuta sin pararse a calibrar demasiado los peligros. Eso es ‘focalizar’ y lo demás son vaguedades.
Jiménez sigue en racha y el mundo del golf permanece expectante y encantado de comprobar hasta dónde es capaz de llegar esta vez… Quizá haya que matizar: realmente a pocos importa hasta dónde sea capaz de llegar, en vista de su valioso currículo y cuando ya marcha camino de los 50 años. Sencillamente se limitan a disfrutar de su golf en jornadas como la de hoy. O Como las de Muirfield. O como las del Firestone de Akron.
Gonzalo Fernández Castaño (+4) no ha tenido su mejor día y este campo te lo hace pagar. El madrileño sigue sin exprimir todo el rendimiento posible a sus mejores golpes, que aún son abundantes en cada vuelta, seguramente porque su putt anda falto de brillo. Pero no hay que descartar al madrileño porque el corte ahora mismo ronda ya el +2 y mañana bien pudiera rondar el +4. No hay nada perdido.
Al final han sido sólo 35 los jugadores que han jugado bajo par. Hay que insistir: el peaje es duro si no se cogen calles y greenes. El rough no está para bromas. Y menos aún lo va a estar según avance la semana. Además de Gonzalo o Larrazábal, dan buena fe de ello Ángel Cabrera (+10), Nick Watney (+6), o Ernie Els (+4). Por arriba, inasequible al desaliento y a los revolcones, Lee Westwood (-4) aparece de nuevo. Tiene mucho mérito lo suyo.


