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Declaraciones de Tiger Woods en la previa del PGA Championship

A Tiger le puede más la nostalgia con Rory que con Scheffler…

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Tiger Woods durante la rueda de prensa hoy en el Valhalla Golf Club. © Pedro Salado/CAPTURASPORT
Tiger Woods durante la rueda de prensa hoy en el Valhalla Golf Club. © Pedro Salado/CAPTURASPORT

Tiger Woods sigue siendo centro de atención, pero más desde una segunda línea. No, desde luego, a la hora de negociar con el fondo saudí el dichoso pacto por la reunificación del golf mundial, sentado en el lado de la mesa del comité del PGA Tour, tarea a la que, según explica, le está dedicando buena parte de sus energías. Pero sí cuando se trata de hablar del puro aspecto competitivo. Woods ha dicho una vez más que siente que tiene los tiros, que tiene el golf y que sólo le falta “ponerlo ahí durante 72 hoyos, algo que no ocurrió en Augusta, donde fallé el fin de semana”, ha explicado hoy en el Valhalla Golf Club (Louisville, Kentucky), sede del PGA Championship que arranca el jueves, donde ha atendido a los medios.

Si se lee entre las líneas de su discurso hay que concluir que Tiger no quería hoy levantar más expectativas de las debidas acerca de sus posibilidades en el segundo Grande del año. Hablando en plata: no se ve para disputar el título, aunque no lo diga abiertamente. Nada que por otro lado sorprenda demasiado.

Pero siempre tiene algo interesante que decir. Por ejemplo, cuando analiza al Número Uno y al Número 2 del mundo, Scottie Scheffler y Rory McIlroy, sin duda los dos jugadores de moda. Uno, por lo que venía haciendo antes de su pequeño parón a causa de su primera paternidad (cuatro victorias y un segundo puesto en sus últimas cinco comparecencias). El otro, por su reciente y rotundo salto cualitativo: resulta que aquel Rory ciertamente estancado de hace unas semanas ahora sólo puede ser tratado como aspirante absolutamente a todo, incluso con Scheffler en el campo.

A Tiger, con Scheffler, le pasa lo que a todo el mundo: no termina de encontrar las palabras para describir lo que está haciendo, aunque se recrea en el análisis. “Lo que hace a través de la bola y ese juego de pies… Su golpeo de bola, la cantidad de greenes que coge, él sencillamente te agota con esa manera de jugar. Después, además, tiene unas manos increíbles alrededor de los greenes. Así que después de todo eso si patea horroroso, queda entre los diez primeros; si patea decente, gana; y si patea bien, se escapa”.

Hay que explicar un pequeño detalle. A Tiger le han preguntado por estos dos jugadores haciendo referencia a la increíble consistencia en la excelencia del texano y a ese cambio de marcha, ese otro ‘engranaje’ que tiene el norirlandés y que mostró el domingo pasado, como características de ambos que también lo adornaron a él en sus mejores tiempos. Y el Tigre se ha referido a ambos, en conjunto: “son dos jugadores muy diferentes. Lo común en ellos es cómo se enfocan en el campo y el sonido cuando, más que verlos, los escuchas pegando bolas en el campo de prácticas. Es un sonido diferente porque ellos siempre pegan con el centro de la cara del palo”.

Lo curioso es que, a la hora de la verdad, comparando a estos dos jugadores con la mejor versión de sí mismo, al de Cypress se le ha visto más nostálgico con Rory que con Scheffler. “Esa manera que tiene Rory de hacerse cargo de un campo de golf y dominarlo… Recuerdo eso de cuando era más joven, pero ha pasado mucho tiempo”. Esa sexta marcha desde el tee. Esa manera de sentir que no había obstáculo que no pudiera salvarse con el driver en las manos… Nostalgia, nostalgia. En realidad, si uno lo piensa, Tiger era una fabulosa aleación de ambos, pero todavía mejorada: poderosísimo desde el tee, con unas manos de seda y además ejerciendo de killer en los greenes casi cada día.