
Scottie Scheffler (-9) ha hecho 66 golpes en la segunda jornada del PGA Championship y está metido de lleno en la pelea por la victoria a falta de 36 hoyos. Pero claro, hoy su golf era casi lo menos que importaba después de haber sido detenido, esposado y encerrado en un calabozo de Louisville durante más de una hora antes de empezar a jugar su segunda ronda.
Scheffler no ha dado apenas detalles sobre el incidente en cuestión. El informe policial asegura que el detective de la policía de Louisville Bryan Gillis estaba «en medio de los carriles hacia el oeste (a las puertas de Valhalla), con uniforme completo del cuerpo de policía y una chaqueta de lluvia reflectante amarilla de alta visibilidad», cuando detuvo al golfista e «intentó dar instrucciones». El documento dice que Scheffler conducía un «vehículo de la PGA de cortesía a los jugadores», un Lexus con matrícula de Texas. Según la citación, Scottie «se negó a obedecer y aceleró, tirando al detective Gillis al suelo. El detective Gillis sufrió dolor, hinchazón y abrasiones en la muñeca y la rodilla izquierdas», prosigue el atestado. Y remata: Gillis fue trasladado a un hospital por personal de urgencias para recibir tratamiento. Sus pantalones de uniforme, valorados en unos 80 dólares según el informe, fueron «dañados irreparablemente».
El abogado de Scheffler, Steve Romines, discrepa de esta versión. Asegura que su cliente «no hizo nada malo» y que tenía sus credenciales visibles dentro de su vehículo. «Estaba siguiendo las instrucciones de otro agente de control de tráfico e intentaba entrar en las instalaciones para calentar y hacer ejercicio», dijo Romines. Se declararán inocentes y litigarán el asunto «según sea necesario», añadió.
Como decimos, Scheffler ha preferido no comentar nada sobre el incidente con el agente Gillis. «Mi situación se resolverá pronto. Fue una situación caótica y un gran malentendido. No puedo comentar nada específico, lo siento. Todo fue muy confuso y no puedo entrar en lo que ocurrió, más allá de ofrecer mis condolencias a la familia del Sr. Mills (trabajador en el PGA Championship que resultó muerto tras ser atropellado esta mañana por un autobús lanzadera y que originó todo el caos y el drama vivido esta mañana en Valhalla). No puedo imaginar por lo que está pasando la familia. Un día se dirige al campo de golf para ver un torneo. Unos momentos después está intentando cruzar la calle y ahora ya no está con nosotros. Lo siento por ellos», afirma.
Sobre el incidente, lo único que dice es lo siguiente: «cuando me sacaron del coche, como ya he dicho, fue todo un caos. Yo dije: «Lo siento, sólo intento llegar a mi hora de salida». A partir de ahí, las cosas se intensificaron. Pedí numerosas disculpas, pero como dije, era caótico, estaba oscuro, llovía, había muchas cosas sucediendo… Acababan de tener un accidente. Yo no sabía que había sido fatal».
Scheffler lo ha pasado muy mal. «Siento que la cabeza todavía me da vueltas. No puedo explicar lo que ha pasado esta mañana, no entiendo lo que ha pasado. Estaba bastante alterado, por no decir otra cosa. El oficial que me llevó a la cárcel fue muy amable. Estuvo genial. Tuvimos una agradable charla en el coche, me ayudó a calmarme. Estaba sentado esperando para entrar y le pregunté: «Oye, perdona, ¿puedes quedarte conmigo unos minutos para que pueda calmarme?». Nunca estuve enfadado. Sólo estaba en shock y creo que mi cuerpo estaba… temblando todo el tiempo. Estuve temblando como una hora. Tenía miedo. Definitivamente fue una sensación nueva para mí», señala.
Scottie pasó más de una hora en la cárcel y buena parte de este tiempo estuvo encerrado en un calabozo, sin reloj y sin su teléfono móvil. «Hice todo lo posible para controlar mi mente, controlar mi respiración. Pasé algún tiempo haciendo estiramientos en la celda. Fue la primera vez que los hice hoy. Fue parte de mi calentamiento. Estaba allí sentado esperando y empecé a hacer mi calentamiento, sentí que había una posibilidad de que pudiera salir a jugar. Empecé con mi rutina y traté de bajar mi ritmo cardíaco tanto como pude, pero como dije, todavía siento que mi cabeza está dando vueltas un poco. Al menos, he tenido suerte de poder volver a jugar al golf hoy».
Scheffler siempre tuvo claro que quería salir a jugar la segunda ronda, pero no sabía si le daría tiempo a llegar a su hora de salida. «Estaba en la celda y no tenía noción del tiempo. Los funcionarios de la cárcel fueron tremendos. Un par de ellos hicieron algunas bromas cuando se dieron cuenta de quién era yo, de lo que había pasado y de cómo había acabado allí. Estaban viendo la ESPN y yo me veía allí en la pantalla y miraba la hora… Era mi única manera de saber qué hora era, aunque en ese momento no recordaba cuánto se habían retrasado las salidas ni a qué hora tenía yo la mía. Sólo me di cuenta de que podía llegar a tiempo a jugar cuando un agente tocó a la ventana de mi celda y me dijo que podía salir. Mi agente me preguntó si quería jugar y le dije que por supuesto».
En este sentido, Scheffler asegura que el apoyo del público ha sido de mucha ayuda. «Desde que me detuvieron, mi principal preocupación era saber si podía llegar a Valhalla para jugar. Ha sido muy bonito. Los aficionados han estado tremendos hoy. Sentí que me estaban animando muy fuerte. Sé que a veces no se me nota en la cara, pero disfruto mucho jugando delante de los aficionados. Fue agradable estar entre las cuerdas compitiendo. Es una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo, así que he tenido la suerte de poder volver a hacerlo hoy».
Scheffler admite que le costó meterse en la ronda. «Tardé unos cuantos hoyos en sentirme normal. Obviamente, no hice mi calentamiento normal ni mi rutina. Soy muy rutinario, sobre todo en lo que respecta a mi preparación. Pero tardé unos hoyos en asentarme. Ha estado bien hacer una vuelta sólida hoy. El público me ayudó mucho. «Sabía que iba a haber muchas distracciones, pero no sabía cómo iba a ser la recepción. Para ser honesto, fue genial tener a los aficionados apoyándome. Me animaron muy fuerte. Sentí que estaban muy contentos de tenerme compitiendo hoy y fue un buen día para venir aquí y competir».
La realidad es que el público se volcó con Scheffler. Lo recibieron en el tee del 10, su primer hoyo del día, al grito de «Scottie, Scottie, Scottie» y «free Scheffler». Además, algunos veloces e ingeniosos aficionados tuvieron tiempo de hacerse camisetas con su foto de la ficha policial para animarlo. Incluso, alguno en el hoyo 17 apareció con el mono naranja clásico de preso en Estados Unidos. Le mostraron todos mucho cariño. Se pusieron de su lado.
Y sí, después de todo eso, Scheffler salió y firmó un cinco bajo par, con seis birdies y un solitario bogey. Sencillamente, increíble. En cuanto al incidente con el policía, será la justicia la que tenga que determinar qué sucedió. Uno de los cargos que le imputan es agresión en segundo grado. Es un delito grave de clase C en Kentucky, punible con entre cinco y diez años de prisión. Según la ley estatal, se produce una agresión en segundo grado cuando una persona causa intencionadamente lesiones físicas graves a otra persona, intencionalmente causa daño físico a otra persona por medio de un arma mortal o instrumento peligroso o causa intencionadamente lesiones físicas graves a otra persona mediante un arma mortal o un instrumento peligroso. La clave en la defensa de Scheffler es que todo se debió a un malentendido y un accidente.
«Definitivamente, nunca imaginé ir a la cárcel, y definitivamente nunca imaginé ir a la cárcel la mañana antes de una de mis salidas en un Grande», sentenció Scheffler para dar carpetazo al día más surrealista de su vida y uno de los más extraños de la historia del golf. Netflix se frota las manos.


