
David Puig (+6) ha tenido una jornada para olvidar este domingo en el PGA Championship. Ha entregado una tarjeta de 79 golpes. Demasiado castigo para el golfista de La Garriga. No merecía acabar así una semana en la que ha derrochado garra y corazón lidiando con unas molestias en la espalda que casi le impiden jugar el torneo. Pero el golf entiende poco de justicia poética. Mucho más en un Grande. Si no andas bien, te puede destrozar.
Puig ha pagado muy caro un día horrible desde el tee. Terrorífico. No ha cogido la primera calle hasta el hoyo 11. En total han sido tres. Poquísimo. Cada tiro abría o cerraba de más de la cuenta y terminaba en problemas. El remate llegaba en la salida del 18. Ha jugado el golpe tal y como quería, esperando la ayuda del viento de la izquierda para devolverla a la calle, pero no ha llegado y ha terminado en el mítico arroyo que protege todo ese flanco del hoyo. Cruel doble bogey para finalizar. Resumen de su día.
David se ha quedado muy lejos del objetivo de acabar entre los 12 primeros del torneo para asegurar su participación en el PGA el próximo año. No podía ocultar su decepción. «Cuando pasen un par de día igual empiezo a ver las cosas positivas de la semana, pero ahora la verdad es que estoy muy quemado por esta vuelta. No he metido una bola en calle y así es imposible en este campo. Además, también he tenido un mal día de juego corto». Combinación letal en Quail Hollow. Ha sido una despedida dolorosa del PGA, más incluso que las molestias en la espalda.
Puig cierra su quinto Grande con una semana muy movida, pasando su tercer corte, sobreponiéndose a unas molestias muy serias de espalda y dejando de nuevo muestras de que algún día lo veremos metido en la pelea en una de estas semanas. El próximo objetivo es averiguar exactamente lo que tiene en la espalda para ponerle solución inmediata. A eso va a dedicar la próxima semana. Lo siguiente será jugar la previa del US Open en Washington y disputar el siguiente torneo de LIV Golf.


