
David Puig (PAR) ha entregado una tarjeta de 71 golpes en la primera jornada del PGA Championship en Quail Hollow. Es un muy buen resultado para poner en marcha el segundo Grande del año y, en su caso, se puede hablar incluso de un pequeño milagro. Cuando ha pinchado la bola en el tee del 1 bien temprano este jueves, Puig había pegado apenas 30 bolas en el campo de prácticas en los últimos diez días, sólo había jugado nueve hoyos y, por si fuera poco, había dormido únicamente cuatro horas. Este ha sido el remate. El cambio horario con Arizona de tres horas le ha jugado una mala pasada y ayer no pudo dormir hasta las doce de la noche.
Con todo esto encima de la mesa, no parece nada exagerado calificar la vuelta de milagro. Especialmente si tenemos en cuenta que a falta de tres hoyos, de la fatídica Milla Verde, el golfista de La Garriga marchaba con un parcial de tres bajo par, peleando incluso en ese momento por acabar líder del torneo. En los primeros 15 hoyos ha jugado muy bien, le ha pegado espectacular desde el tee y se ha dejado una buena cantidad de opciones de birdie. El bogey del 16, tras fallar la calle a la izquierda y no hacer la recuperación desde el búnker de green, y el doble bogey del 18, tras pegar seguramente el peor drive del año no deben empañar su actuación. Puig no quería poner excusas, pero es innegable que las molestias en la espalda, así como la falta de actividad en estos últimos días han podido influir en este final abrupto.
La vuelta de Puig ha sido fiscalizada de principio a fin por Dave Phillips, su entrenador, que también trabaja con Jon Rahm, y Katty, la fisioterapeuta que comparte igualmente con el golfista de Barrika. Uno iba mirando los golpes, el swing del jugador español, viendo si había algo raro provocado por las molestias. La otra se fijaba únicamente en su espalda. Ha sido su ángel de la guarda en los últimos días para llegar a tiempo a jugar el PGA y lo ha vuelto a ser hoy durante la vuelta. Estaba allí simplemente por si la necesitaba, por si la espalda se bloqueaba. Por suerte, no ha hecho falta su intervención. El propio Puig le ha dado mucho crédito a las manos de Katty, así como a todos su equipo de trabajo y su familia. «Si hay una palabra con la que pueda definir esta primera vuelta es orgullo. Creo que sí, que ha sido un pequeño milagro si tenemos en cuenta que el martes no tenía apenas opciones de jugar», explicaba al acabar a los medios españoles desplazados a Charlotte.
Es sólo el primer día del PGA. Ya sabemos cómo son estas cosas. La adrenalina en estas situaciones muchas veces puede con todo. Ahora toca ver cómo se recupera el cuerpo de Puig del esfuerzo. Son sus primeros 18 hoyos en diez días. La buena noticia es que el propio jugador nota una evolución positiva en las últimas horas, por lo que espera que mañana se encuentra un poco mejor. Resta por ver cómo se recupera de este esfuerzo. Por lo pronto, ha decidido no pegar bolas después de jugar. Sólo recuperarse y llegar lo mejor posible a la segunda vuelta.
Probablemente, Jon Rahm, con el que se fundió en un abrazo al acabar su ronda, fue el que mejor ha definido lo que ha hecho Puig hoy en Quail Hollow: «lo único que le he dicho, con perdón, es óle tus huevos». Pues eso.


