A Jon Rahm (-6) le han pasado un montón de cosas en la tercera ronda del PGA Championship. Ha metido una desde fuera de green en el hoyo 3. Ha firmado su primer birdie en la Milla Verde. Ha pegado a un árbol en el 9 y ha vuelto a calle. Ha pegado a un árbol en el hoyo 11 y ha vuelto a calle. Ha pegado a un espectador en la cabeza. Le ha regalado un guante. Se ha dado un abrazo con él. Ha mantenido una breve conversación de fútbol. El brazo le ha empezado a sangrar. Le han puesto un vendaje… Pero lo más importante de todo lo que le ha pasado hoy es que se ha puesto en disposición de ganar el PGA Championship. Con el permiso de Scottie Scheffler (-11), claro, líder destacado del torneo tras hacer 65 golpes. Jon es quinto, a cinco.
Rahm ha firmado este sábado su mejor vuelta de siempre en Quail Hollow. Ha entregado una tarjeta fantástica de 67 golpes y se ha metido de lleno en la pelea por la victoria. Ha puesto a tiro su tercer Grande y, de paso, la posibilidad de cerrar de una vez el particular Grand Slam del golf español. Es el único major que nos queda por meter en la talega rojigualda. Una sensación magnífica que Rahm ya echaba de menos. Concretamente, desde el Open Championship de 2023 en Royal Liverpool no se fabricaba el de Barrika una oportunidad tan clara de ganar un Grande. Ya tocaba. Su cara de felicidad lo decía todo. Es su salsa. Su hábitat. Lo que más le gusta.
Rahm ha conseguido ponerse en posición exprimiendo al máximo su golf. No ha jugado perfecto, ni falta que hace. Él mismo lo decía al principio de la semana. «Si algo he aprendido en estos diez años jugando Grandes es que no hace falta jugar perfecto para ganar torneos». Hoy ha sabido aprovechar cada oportunidad. Ha empezado muy bien con un birdie de libro en el hoyo 1. Sacaba adelante un buen par en el 2 y acto seguido lograba un bonus en el 3, embocando un chip desde fuera. Por cierto, se han visto muchos esta semana en Quail Hollow, pero eso no significa que sea algo fácil.
Ha firmado el inicio de ronda que buscaba en el moving day para empujar y empujar. Ha estado más que notable desde el tee y sensacional con el putter. Demoledor. Los hierros no han sido tan finos, pero tampoco era un día fácil. El viento ha aparecido en el coloso de Charlotte y cada tiro era casi una moneda al aire. Nunca mejor dicho. Viento fuerte y, sobre todo, muy cambiante. Se levantaba, paraba y hasta cambiaba de dirección. Aún así, ha brindado dos tiros a green excelentes. Uno ha sido el tercero en el 7, dada. El otro, el segundo en el 16, a un metro. En esta galería de golpes excepcionales hay que meter, claro, la salida del 14, par 4 corto. La ha dejado a dos metros y medio para eagle. Es el único putt razonable que se le ha escapado.
Ha sido una vuelta construida golpe a golpe. Cincelada a martillazos desde el tee y rematada con suaves caricias con el putt. También ha tenido su dosis de suerte, como la bola que rebotó en el 9 o la del 11, aunque ésta última no la pudo aprovechar. «Le he dicho que si hubiera sido europeo la habría rematado mejor y la habría dejado más cerca del hoyo», bromeaba Jon. Vaya por delante que al espectador no le ha pasado nada, más bien al contrario, se ha llevado la alegría de su vida. El bolazo parece que no le ha dolido y, además, se ha ganado un guante firmado de Jon, una breve charla y un abrazo. De cabeza en la pelea por el PGA. «Es increíble que no le haya dolido. Me juego una mano que debe ser vasco o tener alguna relación», sonreía.
La herida en el brazo ha sido la otra anécdota. Nada serio. Ni siquiera sabe muy bien qué ha pasado. Se ha levantado una pequeña costra, se la arrancado y ha empezado a manar sangre. «De pronto he visto que el guante tenía sangre, la varilla y me he puesto el vendaje más que nada para que no fuera escandaloso, pero nada más», ha explicado. De hecho, al salir de firmar la tarjeta se ha quitado el apósito.
Rahm ha terminado con un bogey en el 17, después de gallar a la derecha el golpe desde el tee y no hacer la recuperación. Ni siquiera ese bogey le iba a quitar la sonrisa. Echaba de menos esa sensación de estar para ganar un Grande. Cierto es que da la sensación de que anda algo justo con el juego, especialmente alrededor de green. De momento, lo arregla con el putt. Veremos si es suficiente para mañana. Lo mejor de todo es que Jon tiene claro que se puede ganar sin estar con tu mejor versión y este sábado de Quail Hollow es la mejor demostración. Si el putter sigue caliente, sólo queda soñar…



