Max Homa (-5) ha registrado una sensacional vuelta de 64 golpes en la segunda jornada del PGA Championship. Ha igualado el resultado más bajo en un Grande en Quail Hollow. Es también su mejor vuelta en un major. Al fin. El expresivo jugador californiano parece haber encontrado el oasis tras una larga travesía por el desierto. O más bien, ha visto la luz al final del callejón más oscuro del golf. Ese en el que a menudo se meten los golfistas y no siempre salen.
A finales del año pasado, tras una temporada mediocre, Homa decidió dar un giro de casi 180 grados a su golf. Cambió de entrenador, contrató los servicios de John Scott y firmó con una nueva marca de palos. Hace apenas unas semanas, Homa aseguraba estar pegándole a la bola como nunca en su vida y se mostraba más que convencido de que estaba en el buen camino. Sin embargo, la realidad es que los resultados no llegaban. Hasta el Masters había jugado ocho torneos, con cinco cortes fallados, todos consecutivos.
Entonces, Homa se sentó con Scott y de la mejor manera posible le explicó que quería un cambio. «Fue difícil, porque me sentía muy roto. Pensaba que el cambio de swing tenía que ser algo radical. Estábamos en una sesión en el campo de prácticas y nada funcionaba. Todo lo que él decía tenía sentido, pero no sentía que fuera yo. Le dije: «Quiero probar esto a mi manera y dime si se ve bien». Me dijo de inmediato que sí, y que trabajaríamos a partir de eso como modelo. Fue duro porque no quiero faltar el respeto a John ni a Mark, que son brillantes. Pero a veces tienes que decir: “Esto puede ser técnicamente correcto, pero no siento que pueda hacerlo”. Él lo entendió y eso ayudó mucho.
Ahora siento que es más mi swing. Se parece más al de cuando jugaba mi mejor golf. Antes parecía que no era mi swing», se ha sincerado.
Homa, el penúltimo habitante de ese callejón oscuro del golf. El último de una larga lista que se lía la manta a la cabeza para cambiar el swing a la caza del Santo Grial y al poco tiempo tiene que volver sobre sus pasos al punto de salida. Decimos penúltimo porque en breve conoceremos la historia del siguiente. Es una especie de epidemia. Por cada uno que sale bien, hay nueve que se quedan por el camino. «Si algo he aprendido de todo esto, es que no es bueno cambiar de swing y de entrenador al mismo tiempo», ha concluido Homa. ¿Parece lógico, verdad? Pues habrá más habitantes del callejón en el futuro. No lo duden.



