
Rory McIlroy ha llegado a Quail Hollow completamente liberado. Ya no hay una pesada carga sobre sus hombros. La victoria en el Masters de Augusta debe marcar un antes y un después en su carrera. Al menos, así lo confiesa él públicamente. Básicamente, se resume a un «ya me puedo morir tranquilo». No quiere más objetivos. No quiere más desafíos. Quiere disfrutar de lo logrado sin que ello signifique una pérdida de ambición.
«Todos necesitamos tener metas y sueños y yo he podido lograr algo con lo que soñé durante mucho tiempo. Aun así, seguiré poniéndome objetivos. Seguiré intentando alcanzar ciertas cosas. Pero me siento aquí sabiendo que el Grand Slam bien podría ser el punto culminante de mi carrera. Y eso es algo muy especial. Quiero seguir creando más momentos destacados, más logros importantes, pero no estoy seguro de que alguna otra victoria supere lo que ocurrió hace unas semanas. He logrado todo lo que soñé de niño: ser el mejor del mundo, ganar todos los majors. Lo he hecho. Todo lo que venga a partir de ahora, mientras siga jugando profesionalmente, es un extra. No quiero volver a cargarme con metas. Quiero disfrutar lo que he conseguido y lo que me queda de carrera, sin presionarme con estadísticas. Solo quiero jugar mi mejor golf», asegura.
En este sentido, McIlroy vuelve a dar mucho crédito al trabajo continuado que viene haciendo con el psicólogo Bob Rotella desde hace cuatro años. El punto de inflexión fue justo antes de la pandemia. «En 2019 tuve mi mejor temporada estadísticamente, gané THE PLAYERS, la FedExCup… pero sentí que fallé en los majors. Escribí en mi diario que quería cambiar eso. Quería destacar en los escenarios más difíciles. Fallé el corte en el US Open de 2016 a 2018. Desde entonces, no he salido del top 10. Ha sido un gran esfuerzo. Trabajar con Rotella desde 2021 de forma constante ha sido clave», explica.
Volviendo al Masters, le han preguntado a McIlroy por las palabras de Bryson DeChambeau justo al acabar la ronda final en Augusta. El norteamericano se quejó de que Rory no le dirigió la palabra durante toda la ronda y se le vio visiblemente molesto por ello. Trató de quitarle hierro después porque realmente no consiguió explicar bien a qué se refería. Hoy Rory le ha respondido con contundencia. «No sé qué esperaba. Estábamos intentando ganar el Masters. No iba a ser su mejor amigo ahí fuera. Cada uno se enfoca distinto. Yo me concentré en lo que tenía que hacer. No fue nada personal», afirma.
En cuanto a las condiciones húmedas de Quail Hollow, Rory no está precisamente rebosante de alegría. Preferiría un campo más seco y duro. «Al principio de mi carrera, estas condiciones me favorecían más, o eso creía. Pero creo que Pinehurst el año pasado me favoreció. Creo que las condiciones firmes me favorecen. Creo que, sea cual sea el clima, tengo las habilidades para destacar», señala.
Desde luego, Rory parece más tranquilo, relajado y confiado que nunca. De hecho, cuando le han preguntado sobre qué parte del juego de otro jugador le gustaría incorporar a su golf, ni siquiera ha respondido. Se ha limitado a decir que no cambiaría ninguna. ¿Y si te obligan? «Pero no me obligan», ha dicho. Ni un paso atrás.


