Uno de los temas más comentados y controvertidos durante la semana del PGA Championship fue el relacionado con las pruebas que se llevaron a cabo con los drivers de algunos jugadores. Se trata de la conocida como CT, prueba del tiempo característico, con la que el PGA Tour, en un test de campo sofisticado pero rápido, determina si la cara de un driver es demasiado elástica, en cuyo caso el palo en cuestión se declara no conforme.
Uno de los afectados fue el ganador final, Scottie Scheffler, quien reconoció en su rueda de prensa como campeón del torneo que su driver había sido uno de los testados esta semana y que había tenido que cambiarlo. Eso sí, no quiso culpar a esta decisión del hecho de que varios de sus golpes desde el tee se desviaran por la parte izquierda… «No, no, creo que eso fue culpa mía», reconoció entre risas.
«Las pruebas de drivers son algo habitual en el circuito. Mi driver me falló esta semana. Teníamos la sensación de que iba a pasar porque llevaba más de un año usándolo. Creo que tuve suerte de que durara tanto», explicó Scottie. Eso sí, advirtió también diciendo: «Yo diría que si vamos a probar los drivers, tenemos que ser aún más rigurosos en la forma de hacerlo. Es algo que comenté con uno de los árbitros: si es algo que nos vamos a tomar en serio, creo que ahora mismo estamos haciendo las cosas a medias».
Se refiere el Número Uno al hecho de que estas pruebas sólo afecten, aproximadamente, a un tercio de los participantes en cada evento al realizarse por un único operario: «Si solo vamos a probar a un tercio de los participantes… Si vamos a hacerlo bien, dejémoslo en manos de los jugadores, como el resto de las reglas del golf. Es una regla nueva que aún no hemos acabado de entender. Creo que hay algunas cosas que debemos aclarar. Si vamos a hacerlo, mejor hacerlo bien, ser más rigurosos y aún más estrictos. Se puede probar a los jugadores todas las semanas si se quiere. No hay ninguna razón para no hacerlo».
Scheffler quiso restar importancia al hecho de que su driver fuera declarado no conforme: «El driver me resulta muy fácil. Como he dicho, estábamos preparados para ello. Llevaba más de un año usando mi driver. Con la cantidad de entrenamientos que hago, me sentí afortunado de que durara tanto tiempo. El equipo de TaylorMade, Adrian, hizo un trabajo realmente bueno. De hecho, la semana del Byron, estuvimos muy concentrados en recuperarlo para ese torneo y para este. Adrian hizo un gran trabajo ajustándome la cabeza. Como dije, estábamos muy preparados. Así que no fue gran cosa».
Quien no pareció tomarse con tanta naturalidad el asunto fue Rory McIlroy, que curiosamente no habló para los medios oficiales del PGA Championship después de ninguna de las cuatro rondas del torneo, algo extraño siendo una de las grandes estrellas presentes en Quail Hollow. Al norirlandés pareció no sentarle nada bien cómo se trató el tema de que su driver fuera declarado no conforme apenas un mes después de ganar el Masters, dando la sensación de que se ponía en duda su triunfo.
Rory realizó la prueba con su famoso driver TaylorMade Qi10. Este test de CT y utiliza una escala de microsegundos para determinar la flexibilidad de la cara del palo, donde el límite legal es 239 con una tolerancia de 18 microsegundos, lo que da un límite máximo global de 257 microsegundos. Es básicamente como tener un límite de velocidad de 65 kilómetros por hora, pero sabiendo que solo te multarán si vas a 72.
El problema surge en la tolerancia, ya que tiene que ver con el dispositivo de medición que se emplea. El PGA Tour comprueba los drivers de forma aleatoria durante toda la temporada y en algunos eventos concretos, la USGA incluso puede comprobar los drivers adicionales que se encuentran en las furgonetas de los equipos para evitar que surja cualquier tipo de problema durante cada evento.
En el PGA Championship esta prueba se llevó a cabo a petición de la PGA de América y, aunque no se difundieron los resultados, Scottie desveló el no conforme al suyo y el caso de McIlroy parece también claro. Estas pruebas las realizan a menudo los fabricantes en sus centros de I+D, incluso los jugadores pueden hacerlas en los remolques de las marcas de material en cada torneo. Pero las máquinas que las realizan tienen variaciones y pueden no coincidir plenamente en su tolerancia con la que utiliza la USGA, dando lugar a este tipo de situaciones.
El hecho de superar la elasticidad en la cara del driver no es siempre una ventaja en sí ya que, como aseguran algunos expertos en GolfDigest, puede provocar golpes imprevisibles, desviando la bola y dando lugar a errores. Se estudia también el llamado ‘CT creep‘, que hace que un driver que antes era conforme, deje de serlo tras muchos golpes de un jugador con velocidad de swing muy alta (algo de lo más habitual en el circuito profesional estadounidense).
Para Rory, el asunto es cosa seria porque después usar el año pasado el driver TaylorMade Qi10, después de tres rondas en el Arnold Palmer Invitational en marzo con el Qi35 se gastó casi mil dólares en un Uber para que le llevaran al torneo su driver Qi10 desde su casa del sur de Florida hasta Orlando para poder usarlo en la ronda final. Así que es de suponer que su Qi10 tiene muchos kilómetros a sus espaldas… No hay manera de saber si su pobre actuación en el PGA Championship ha sido debido a ese cambio de driver a última hora por la prueba del CT, pero lo que sí parece es que a Rory no le sentó nada bien cómo se gestionó…



