
Relentless. Fue Rory McIlroy, desaparecido en combate en esta semana, quien así lo bautizó a principios de año cuando admitió que estaba tratando de absorber aspectos del Número Uno para competir contra él. Scottie, el relentless. Traducido al castellano: el implacable. Hoy Scheffler se ha mostrado implacable en Quail Hollow. Ha pegado un golpe de efecto extraordinario en el PGA Championship con una vuelta de 65 golpes. Ha ganado medio Wanamaker. Le queda el otro medio y no va a ser pan comido, no crean, aunque con este hombre muchas veces lo parezca.
Scheffler ha tomado el mando de las operaciones. Se ha colocado arriba del todo con -11 y tiene tres golpes de ventaja sobre Alex Noren (-8), cuatro sobre Davis Riley (-7) y JT Poston (-7) y cinco sobre Jon Rahm (-6), Si Woo Kim (-6) y Jhonattan Vegas (-6). Realmente, de todas las caras que se le aparecen en el retrovisor, sólo dos están rodeadas por un círculo rojo. Una es la del vasco de Barrika y la otra, la de Bryson DeChambeau (-5). Sus dos grandes rivales. La pareja que, sobre el papel, más opciones tiene de hacer una gran vuelta este domingo y meterle las cabras en el corral al Número Uno. Scheffler lo sabe. Jugará los últimos 18 con Noren, pero a quienes va a estar vigilando con el rabillo del ojo es al que va en el antepenúltimo partido junto a su buen amigo Si Woo Kim y al que marcha en sexto por la cola con Tony Finau.
Si le faltaba pimienta al PGA Championship, este sábado se le ha caído encima el bote entero. Ha sido una extraordinaria tercera jornada de Grande. Ha habido de todo. Un moving day en toda regla. Las condiciones han sido difíciles por el viento y las idas y venidas en la clasificación han estado a la orden del día. Vegas abría pronto la puerta con dos bogeys en sus dos primeros hoyos y a partir de ahí, la locura. Rahm ha sido líder. DeChambeau ha sido líder. Si Woo Kim ha sido líder. Pavon ha sido líder. Noren ha sido líder. Fitzpatrick ha sido líder. Y hasta Davis Riley ha sido líder. De locos. Todos, hasta que ha llegado Scheffler y ha dicho que dejábamos la alternancia para otro día. Que de momento aquí rige la tiranía.
El estacazo ha llegado en el último tramo de la vuelta. Hasta el hoyo 14 se ha visto a un Scheffler poderoso, pero con grietas. Ha fallado golpes, se ha metido en problemas y ha cometido hasta tres bogeys en 13 hoyos. A partir de ahí, ha sido una sinfonía. Todo ha empezado con un tiro grandioso en el tee del 14. La ha dejado dada para eagle. Lo siguiente, aprochito sensacional en el 15 y putt de dos metros. Lo último, tras dejar escapar una buena opción de birdie en el 16, dos aciertos más: en el 17 ha metido un putt sensacional de cinco metros y en el 18 ha pegado otro tirazo a menos de tres metros del hoyo y la ha metido. Cinco menos en cinco hoyos. «Lo de este tío no es ni medio normal», era el comentario que circulaba entre los jugadores mientras entraban y salían de firmar las tarjetas. No se puede decir que Scheffler haya ganado ya el PGA, pero una de las asas del trofeo la tiene agarrada ya con una mano.
En toda esta maravillosa locura de tercera ronda del PGA, ha jugado un papel crucial Bryson DeChambeau. El doble campeón del US Open se ha caído cuando su figura de gran favorito más se iba agigantando. Era el nombre que estaba en boca de todos hasta que ha pisado la Milla Verde. Ha empezado fallando un putt de par de metro y medio en el 16, uno de esos que jamás yerra, y ha seguido con un doble bogey en el 17, después de mandar al agua su salida, seguramente despistado por alguna acción malévola del viento. Ha pasado de ser líder en solitario a caer a la octava posición. Así son los Grandes.
La leyenda del implacable sigue creciendo. Scheffler aspira este domingo a ganar su tercer Grande, su segundo torneo consecutivo. Aún pueden pasar muchas cosas, pero los números y las sensaciones están con él. Dos veces ha salido como líder en solitario el domingo en un Grande y las dos veces ha ganado. También se ha metido en el zurrón la victoria las siete últimas veces que ha salido como líder en el PGA Tour. Lo dicho, pueden pasar aún muchas cosas, pero a ver cómo…


