Scottie Scheffler (-11) ha ganado la 107ª edición del PGA Championship con una ronda final al par del campo (71) y pasando muchos más apuros de los que refleja esa diferencia final de cinco golpes con los segundos clasificados, Harris English (-6), Davis Riley (-6) y Bryson DeChambeau (-6). Recién pasado el ecuador de la ronda llegaba a perder toda su ventaja e igualar con Jon Rahm (-4) en el liderato, pero este tipo es un Número uno del Mundo que trae todos los extras de serie, así que a las malas, cuando peor estaba, víctima de sus propios errores, enderezaba el swing, se sacudía de un manotazo el sudor frío y terminaba ganando por goleada. Ya tiene tres Grandes. Veremos con cuántos termina el año 2025…
Muy pronto, para sorpresa morrocotuda de propios y extraños, se vio que el swing del texano no estaba en su sitio. Se perfilaba una y otra vez Scheffler para sacar ese fade tan preciso, marca de la casa, pero todas las bolas, una detrás de otra (salvo en la salida del hoyo 1) se marchaban rectas y terminaban a la izquierda del objetivo. Así iba a llegar el bogey en el hoyo 1 (erraba del modo descrito el segundo tiro, llevando la bola a un bunker), y en el 6, y en el 9, además de algunos otros apuros que iba solventando como buenamente podía. Bien es cierto que ninguno de sus más directos rivales, de entrada, conseguían siquiera reducir la desventaja, pero cuando Jon Rahm puso al fin en marcha la maquinaria (birdies en los hoyos 8, 10 y 11 después de firmar siete pares), el panorama se transformaba radicalmente. Había comenzado un PGA exprés que, según parecía, se iban a jugar el estadounidense y el español (DeChambeau sólo llegó a amagar con meterse en la pelea)…
Fue entonces, cuando de verdad se vio exigido, el momento en el que Scheffler recuperaba su proverbial consistencia. Así fue desde el hoyo 10 en adelante. Una capacidad al alcance sólo de los verdaderamente elegidos. A Rahm, empatados ya como estaban en lo alto de la tabla, le quedaba en la manga una carta asesina que jugarse en este tipo de situaciones, la de ir por delante marcando el paso y con esos esos hoyos 14 y 15 por delante, uno de los pocos tramos amables de Quail Hollow. Si el de Barrika sacaba de allí los ‘pertinentes’ birdies, a Scottie se le podía poner la cuesta muy empinada. Sin embargo, iba a ocurrir al revés: Jon encadenaba dos pares y acto seguido firmaba un bogey demoledor en el inicio de la Milla Verde, el hoyo 16, dejando el paso libre al Número Uno del mundo, que ya era sabedor del traspié del español antes de encadenar, con el manual en la mano, los dos birdies en los citados hoyos 14 y 15.
Fin de la historia.
A ver, señoras y señores: Scottie Scheffler acaba de ganar su tercer Grande. El primero fue aquel Masters de 2022, que cerraba con una incontestable ventaja de tres golpes a pesar de terminar con un doble bogey en el hoyo 72 del torneo, en el 18 del Augusta National. El segundo, de nuevo el Masters, en 2024, que se llevaba con una cómoda ventaja de cuatro golpes. El tercero, este PGA de 2025 en un soberbio campo como el de Quail Hollow, que ha dignificado el evento, se lo ha llevado con cinco golpes de ventaja… Como bien puede comprenderse, no es una casualidad tanta suficiencia, no puede ser fruto de azar que este tipo sea capaz de sacar de rueda a los mejores del mundo tan frecuentemente en las citas más importantes del año. Es un jugador de leyenda. Un impenitente hacedor de golpes sobresalientes. Un depredador.



