
– Ryan Gerard (-5) lidera la clasificación del PGA Championship una vez finalizado el turno matutino de juego de la primera jornada, con un golpe de ventaja sobre un nutrido grupo de perseguidores formado por Luke Donald (-4), Ryan Fox (-4), Alex Smalley (-4) y Stephen Jaeger (-4).
– Y eso que Gerard finalizaba con bogeys en los hoyos 17 y 18. La Milla Verde se le ha atragantado, pero no parece que haya una mejor manera de debutar en este torneo, porque el joven estadounidense está jugando el tercer Grande de su carrera, pero es su primer PGA. Lo de Donald es muy diferente, pero no menos sorprendente: está jugando este major por decimoséptima vez, pero no aparecía en el top ten de un Grande desde la segunda jornada del Open de 2015, en St. Andrews, hace casi diez años.
– El asunto, este jueves, en Quail Hollow, va de capitanes, porque Keegan Bradley (-3) ha firmado otra espléndida tarjeta, en su caso de 68 golpes, que de entrada lo mete arriba. No deja de ser curioso que mediada esta primera ronda ni el capitán europeo de la Ryder ni el estadounidense tengan por delante en la tabla a alguno de los jugadores que presumiblemente compondrán las dos escuadras en Bethpage, dentro de cuatro meses…
– De todos modos, Donald entiende que hay diferencias entre Bradley y él: «Soy vecino suyo y veo como trabaja, él está entre los 20 mejores del mundo y podría ganar este torneo». Eso sí, ha hecho algo único por la mañana. Sólo él ha conseguido evitar los bogeys. Para ello, ha desplegado un juego corto galáctico, firmando nueve de nueve recuperaciones. Un Donald a la antigua usanza.
– Y es que de momento ninguno de los grandes nombres, de los indiscutibles favoritos, aparece en lo alto de la clasificación. Es más, unos cuantos ya se han metido en serios problemas y hasta van a tener que remar de lo lindo para pasar el corte. Es el caso de Brooks Koepka (+4), Patrick Cantlay (+3) y, sobre todo, Rory McIlroy (+3). Koepka no llegaba en su mejor momento, pero de él siempre se espera la mejor versión en estas citas, aún sabiendo que no firma ningún top ten en un Grande desde que ganara precisamente el PGA de 2023. Cantlay no termina de carburar, aunque asome aquí y allá. En cuanto a Rory… Nos pongamos como nos pongamos resulta una verdadera sorpresa este inicio tan errático del ganador del Masters: mal desde el tee, irregular con los hierros y deficiente con el putter en las manos. Demasiado lastre. Quizá le quede el consuelo de saber que el 2017, en este campo, el ganador final del PGA, Justin Thomas, arrancaba con una ronda de 73 golpes, a seis de la cabeza.
– Scottie Scheffler (-2) ha salvado la cara al grupo de los más ilustres. Hay que ver lo que puede cambiar el panorama con un solo golpe de golf, de enorme exigencia y magistralmente ejecutado. El Número Uno del mundo terminaba su vuelta por el hoyo 9, uno de los más difíciles de Quail Hollow, y venía con un parcial de una menos después de 17 hoyos, un poco a trompicones y sin terminar de agarrar con firmeza las riendas de la vuelta. Pero se había guardado el mejor golpe de la ronda para el penúltimo suspiro, un hierro 6 fabuloso a 196 metros de la bandera, con algo de viento a favor, para dejarse dado un birdie final que, como decíamos, de golpe y porrazo elevaba a otra dimensión su arranque en este Grande.
– A Scheffler se le había complicado la ronda tras firmar un doble bogey en el 16 desde el centro de la calle, pero la cosa tenía truco, pues se había encontrado la bola con un buen pegote de barro. Algo parecido le ocurría a su compañero de partido, Xander Schauffele (+1), que también iba a salir de allí con un doble bogey. La PGA de América había tomado ayer la decisión de jugar sin colocar bola en la calle, a pesar de todo el agua que cayó los días previos y Scottie, una vez firmada su tarjeta, se lamentaba por ello. “No creo que entiendan lo que es literalmente dedicar toda tu vida a aprender a golpear una bola de golf, a controlarla, a ejecutar golpes y controlar la distancia, y que de repente, por una decisión de reglas, todo eso se te quite por completo, por puro azar. En el golf ya hay suficiente suerte a lo largo de un torneo de 72 hoyos como para que la historia sea si se coloca o no la bola. Cuando pienso en torneos de golf, quiero la prueba más pura y justa posible, y en mi opinión, quizá hoy se debería haber jugado con la posibilidad de colocar bola”, señalaba.
Se entiende su frustración, pero también que en un Grande se apure al límite para jugar sin colocar bola. Las reglas son igual para todos y al respecto no debería haber mucho más que hablar.
– Sea como sea, y si se permite la ironía, el Número Uno ha bajado hoy al barro de Quail Hollow y ha salido limpio del reto, sobre todo si entendemos que ha conseguido jugar por debajo del par sin su mejor versión. Está a tres golpes del líder provisional, de acuerdo, pero su sombra aparece alargada y nítida.


