Inicio Majors The Open Championship En un día de perros cada detalle cuenta…

En un día de perros cada detalle cuenta…

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Sergio García (+4) no ha podido hoy con los elementos. Ha luchado con bravura, pero le ha sido imposible hacerle resultado al campo…

Los primeros partidos del día habían aguantado las peores condiciones: 18 hoyos en el infierno, para ser más exactos. Agua que venía hasta desde el suelo, viento… En esa situación marchaba por ejemplo el capitán general, Tom Watson (+4 tras entregar una tarjeta de 72 golpes, resultado insuperable entre quienes salieron a las 10,30 al campo, y mucho menos para los de antes). Todavía nadie se explica cómo pudo completar los diez primeros hoyos con un parcial de -1.  De nuevo este hombre, a punto de cumplir 62 años, ha protagonizado la gesta del día.

Y si no, estudien la clasificación y cotejen datos. Su compañero de partido, el mocetón Ricky Barnes (+10), sumaba 78 golpes. Rose, Casey… Todos sufriendo lo indecible.

El horario de Sergio, a mitad de jornada aproximadamente, también fue calamitoso hasta mediados los segundos nueve hoyos. De hecho, el español se tragó el chubasco más potente del día recién iniciada su vuelta.

Mucha agua y mucho viento, pero no demasiado frío. Y el caso es que esa sensación térmica de ligera templanza, no demasiado extrema en lo que se refiere al frío, confundió a algunos jugadores. Nos dio la sensación de que Rory McIlroy (+4) y Sergio García no iban demasiado bien pertrechados contra el agua. Y es verdad que en el momento de su salida al campo no hacía mucho frío, pero después el español pagó muy caro el remojón. McIlroy explicaba luego que no tenía frío cuando estaba dando bolas en el campo de prácticas, ni sentía que cayera demasiada agua del cielo, y por eso salió sin protección impermeable (se la puso en el hoyo 3). Una vez remitió la lluvia, Sergio se fue enfriando con la acción del viento sobre la ropa empapada, y en el green del hoyo 13, según él mismo contaba “estaba tiritando. Ya me costaba subir el palo, moverlo. No he pasado tanto frío desde la tercera vuelta en Muirfield en 2002. Lo bonito de este torneo es que dependes también de la suerte con el tiempo, pero por desgracia a nosotros nos ha tocado lo peor durante las tres jornadas”.

La realidad es que los últimos partidos del día sólo han sufrido tres o cuatro hoyos, cinco a lo sumo, en las peores condiciones. Pero ni siquiera a una excusa de ese calado pueden agarrarse jugadores de la talla de Sergio o McIlroy (de hecho, ninguno ha llorado por su mala suerte), sobre todo comprobando que era posible jugar bajo par en su horario: ahí está Rickie Fowler para demostrarlo. Por cierto, el joven norteamericano iba con el traje impermeable bien abrochadito, de los pies a la cabeza y desde el tee del hoyo 1…