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Manual de un caddie para sobrevivir en un día de clima extremo

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Día duro de British para los jugadores… y para los caddies. Nos ponemos en su piel con un completo manual que nos trae Pablo Aparicio. Haremos un breviarium de esta liturgia, incidiendo en días de clima extremo, como este OPEN, por poner un ejemplo vivo…

– Camastrones no se admiten, cuanto peor sea el día, antes hay que ir campo, que allí también hay café. Fuera miedos escénicos y a planear, a río revuelto buena tienda de anzuelos…

– Hay que dar al jugador el máximo confort y aún así será todo poco, así que empecemos por dedicar las horas previas (de 3 a 4 horas) a nosotros mismos, de forma que cuando llegue el jugador ya esté todo hecho.

– Hay que vestirse adecuadamente. Y eso no quiere decir pesado. Las mallas de licra debajo de un buen pantalón de agua (tipo Sunderland) deben ser suficientes y además permiten moverse bien con soltura y aislan. Camiseta licrada larga, cuello redondo y chaqueta de agua. Son las  prendas de arriba,termosellado indispensable,calcetines y otros de reserva,2 pares,unos puede llegar a ponerselos el jugador…se han dado casos en el campo; zapatillas gore-tex, de lo contrario viviremos desde el minuto uno con los pies en un charco. Y aún así, gorra, gorro de lana debajo y gafas completan el kit.

– Ahora vamos al vestuario. Vestimos la bolsa. Cubre bolsas de chubasquero, los rígidos pasaron a la historia, lo dejamos fijo todo el día y empezamos rutinas… Sacamos siempre lo superfluo antes de ir al tee del 1: espejos y láser de medición pesan y ocupan y no se usan en el recorrido, así que fuera.

– Después de limpios e impolutos los grips, las estrías y las caras de los palos, vacíamos la bolsa y echamos una toalla de baño pequeña al fondo. Eso hará que cuando se metan los palos se apoyen en seco. Dispuestas bolas, tees, libros de medidas y reparapiques, complementamos con más guantes nuevos de lo normal, en especial de agua. Indispensable. Añadimos más comida, barras energéticas y frutos secos, y no olvidamos botiquín, analgésicos, anti-insectos, esparadrapo, gotas de ojos, cremas, etc…

– El clima extremo no es sólo uno. En Corea es frío seco, en Qatar es viento, pero 45 grados celsius, en St Andrews es viento, frío, lluvia… Todo a la vez…

– Una vez la bolsa está buen recaudo, caminamos a la práctica y tomamos nota de qué viento predomina y tomamos nota ya, de inmediato, para poder advertir cambios si los hubiera. Vamos a meteorología del Tour, a cotejarlo con el parte del día, para hacernos nuestra composición de lugar. Anotamos ya banderas y adelantamos trabajo por que luego no tendremos manos…

– Ponemos agua mineral ya en la bolsa y nos aseguramos de que el jugador beba, por muy mal tiempo que haga, después de dar el primer golpe de cada hoyo. Las pájaras de mal tiempo son muy traicioneras.

– Añadimos una toalla adicional en una bolsa de plástico y la guardamos, por si la que sale de titular tiene demasiada agua, o para colgarla del paraguas por dentro si la cosa sigue fea. Las manos del jugador han de mantenerse secas con garantías. Las manoplas en el fondo del bolsillo siempre en estos días, no sólo secas sino calientes, ya que de su tacto vivimos. Está claro.

– Ya lo tenemos todo. Ahora al campo, sabiendo en qué intensidad estamos: un palo, dos palos, tres palos de viento… y contando doce metros de promedio a cada uno sabemos si vamos 12, 24, o 36 metros a favor o en contra, advirtiendo siempre bolas tendidas en contra y altas a favor, teniendo en estas ocasiones claro dónde ir y más que diáfano dónde no ir. Nadie se puede permitir fallar al sitio malo, lo nuestro es la estrategia, y aún así, si se va, el juego corto puede salvarnos. Pero del agua no, ni del hazard, ni del out. Hay que irla llevando como diría el Pato Cabrera. Apoyar las bolas bien en el viento cruzado, recordando referencias en el tee, por muy pesado que parezca, no está de mas. Jugar con el viento es una opción. La otra es que el viento juegue con nosotros a placer…

– Paciencia en los greenes y advertir más amplitud de piernas en el stance de putt, para ganar equilibrio. Marcar todas las bolas sin despreciar que estén cerca, respetar al viento que cuesta un golpe en cualquier momento.

– Si toda la ropa y el paraguas va fuera, no todo es malo, la bolsa va más ligera. Si conseguimos que el jugador vaya contento, a pesar del día, tenemos mucho ganado. Sólo queda no dejar de animar cada par como si fuera birdie. Una cosa hay que tener clara: es sólo agua no aceite hirviendo, y además dónde vamos a estar mejor que en la emoción del Golf.

– Al terminar, todo fuera, todo de todo y todo seco express; y la bolsa mejor que nueva y seca, lista para mañana que a lo mejor sale bueno.

 

Quiero aprovechar este rápido manual para hacer un pequeño homenaje. En los últimos 15 ó 20 años, los caddies hemos mejorado exponencialmente nuestro estatus. Es una lástima que a leyendas vivas como Peter Coleman les haya pillado retirándose o frisando los 70 años. Otras referencias en mis inicios han sido John O'Really o Scooty Gilmore, que ya están en el cielo habiendo dejado lecciones en esta tan bendita como extrema profesión…

No hemos conseguido, eso no, apropiarnos de verbos copulativos: ser y estar… Pues se sigue diciendo 'hacer de caddie'. Nunca oí a nadie hacer de dentista o de guardia de tráfico, pero nosotros sí, somos diferentes. A pesar todo, de que el vértigo del Tour y la rapidez con que todo sucede es cada vez mayor…

Cité a los anteriores y también me quiero acordar de otros en pleno esplendor, como Tony Navarro o Billy Foster, ya que han sido cientos las mañanas a horas intempestivas 4,30am o 5,00am que llegando a clubes de los cinco continentes, me fijaba en qué hacían, cómo lo hacían, en que órden y por qué…

100 de 100 llevando palos es casi imposible hacer. Así que es mejor pasar todos los días de 90, que hacer un casual 100, dado que son tantas las cosas que influyen en la mecánica del juego, que la práxis es harto complicada, en lo técnico y en lo psicológico.

Un saludo.

Pablo de Luxe.

Miembro de la european Tour Caddies Association.