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Miguel ya ha hecho sus cuentas

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Miguel Ángel Jiménez atiende a los medios de comunicación en la zona mixta del British Open. Cuatro palmos a su derecha la televisión ofrece el putt de birdie del líder, Darren Clarke, en el 18. Toca el hoyo, pero no entra por milímetros…

El norirlandés termina con -5. “Menos trabajo para mañana”, asegura el malagueño. Y añade: “esto es lo que pensamos todos, aunque no todos lo dicen”…

El malagueño sabe que puede ganar, se lo cree y tiene unas ganas terribles. Hoy ha firmado una tarjeta con 72 golpes (dos bogeys y 16 pares) para un total de -1. Saldrá en el antepenúltimo partido del día, a cuatro golpes de la cabeza. Con opciones. “No es mucha diferencia para un links. Si el hoyo se está quieto y la pelota entra, ya sabéis, estaremos echando el aliento en el cogote”, afirma Miguel mientras lo escenifica con su habitual buen humor.

Jiménez ha vuelto a jugar hoy de manera brillante de tee a green, como toda la semana. También ha recuperado de una forma increíble, pero ha faltado un detalle. El putter no ha terminado de funcionar. No ha sido capaz de leer la velocidad de los greenes y el motor no se ha llegado a poner en marcha. “Con la lluvia estaban bastante más lentos que ayer y no lo he percibido así en el putting green. Me ha costado adaptarme porque no te atreves. Quieres soltar la mano, pero hay presión y al final no lo haces. Esto es un British, no es un paseo por el campo de la mano de Heidi”, explica.

De sus dos bogeys, el único merecido ha sido el del hoyo 6. Su golpe de salida en este par 3 se cerraba en exceso y salvaba el búnker por muy poco. Intentó un chip plagado de imaginación, por bajo, aprovechando el contorno del búnker y el movimiento del green, pero le ha pegado pesada y no se ha quedado en el antegreen.

El bogey del 4 no lo merecía. Llegaba después de, sin duda, uno de los mejores golpes que se han podido ver hoy en Royal St. George's alrededor de green. Su segundo tiro desde el búnker de calle en este monstruoso par 4 se marchaba a la izquierda y la bola se quedaba fatal, no se veía, metida en unas matas, rodeada de pequeñas raíces. Además, para añadir drama era un tiro ciego. Parecía un golpe imposible. Dramático. Miguel lo estudió con mimo. Tenía que superar una ondulación de unos seis metros para llegar a green. Utilizó a un marshall como referencia y pegaba un golpe perfecto. Dejó la bola a poco más de un metro. La afición británica enloquecía. Fallaba el putt. No fue justo. Y nadie ha dicho que el golf tenga que ser justo.

Por cierto, el marshall se llama Craig Wittington, nació en Southampton, es hándicap 14 y sus tres jugadores favoritos son Luke Donald, Lee Westwood y Miguel Ángel Jiménez. Ayer cumplió un sueño. Ayudó a uno de sus ídolos a ejecutar un golpe increíble.

Jiménez quiere la Jarra de Clarete y tiene incluso en la cabeza una somera idea de lo que puede pasar mañana. “Si sopla mucho el viento como anuncian, el resultado ganador puede ser -3 o -2, perfectamente”.

Jiménez está ahí, metido en la pelea, con opciones de ganar el British Open y destrozar los registros de longevidad en poder de Jack Nicklaus.

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