
Sergio García (+2) ha sumado hoy los mismos birdies que a lo largo de los 54 hoyos anteriores. Seis en total para un 68 que es el mejor resultado del día y le ha metido de cabeza en el top-ten…
Por momentos, además, el Royal St George’s pasó del murmullo al rugido cuando el español situó un parcial de tres abajo en los primeros cinco hoyos. A Sergio lo quieren de un modo especial en este torneo, se juegue donde se juegue. Basta escuchar la reacción del respetable cuando lo anuncian en el tee del 1, o cuando llega al 18. Es la herencia de Seve, por supuesto, y también el reflejo de sus números en la Ryder. “Cada vez que vengo a este torneo se me ponen los pelos de punta”, explica Sergio.
Pero había algo más al margen de ese cariño. Rugía San Jorge porque el español embocaba un putt imposible desde 24 metros en el hoyo 4, y porque a punto estuvo de embocar el eagle desde fuera de green en el 5, después de poner el drive muy cerca del green desde el tee en este par 4 al que se puede llegar con viento a favor, el del sur, el que ha soplado todo el fin de semana.
En el hoyo 6, par 3, Sergio completaba una gran recuperación desde el bunker que mantenía la llama de la euforia viva. Y en el 7 dejaba colgando literalmente la bola del hoyo para eagle, ante el delirio de una afición que casi soplaba al otro lado de las cuerdas para empujarla. Cuatro menos en siete hoyos y par total acumulado.
“Ha estado muy bien. Hombre, ahora piensas en lo que podía haber pasado con ese cuatro abajo en siete hoyos. Aún así era muy difícil, pero en ese momento sí que te dices: si me vuelvo loco y acabo siete abajo en estas condiciones, a lo mejor… Pero para eso había que jugar perfecto, y lo que me ha ocurrido en el hoyo 8 puede pasarte en cualquier momento en este campo”.
En el hoyo 8, en efecto, se frenaba el vendaval. Su salida se marchaba por poco al rough de la derecha. García explica qué pasó entonces por su cabeza: “tenía la bola cuesta arriba y si metía menos palo me podía pasar la bola casi por encima de la cabeza por la fuerza del viento que venía en contra. Traté de dar un hierro 5 más bajo para dejarla en la entrada del green, pero la bola pegó en la ladera de la hondonada donde estaba y de ahí un problema me llevó al otro”, explicaba.
Probablemente, y pensando en el definitivo retorno de Sergio a lo más alto, casi tan importante fue lo que ocurrió a partir de ese momento como lo que había ocurrido antes. Porque el español volvió a dejarse muy buenas opciones de birdie en los hoyos 9 y 10. Porque además sacó un par imposible en el par 3 del 11. Y porque siguió remando y en la recta final, los temibles 15, 16, 17 y 18, aún sumó dos birdies más (16 y 18), combinados con un bogey en el 17.
Después del top-ten en el US Open quedó confirmado el retorno del español a lo más alto. Pero su desempate ante Larrazábal en Munich y este nuevo top-ten en un ‘major’ pueden servir de confirmación a los más incrédulos. Comenzando por él mismo. Le queda, eso sí, la guinda, el remate, el cuidado pulcro de cada detalle, como esa prenda de abrigo o impermeable que no tuvo el sábado a mano y que hoy sí ha llevado.


