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Grandeza y crueldad en Lytham

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La historia recordará para siempre el British Open de 2012 en Royal Lytham & St.Annes. Los últimos cuatro hoyos del domingo se han ganado un hueco en la leyenda de este deporte…

Ernie Els y Adam Scott. Un ganador y un perdedor. Como tantas otras veces. Porque así es este deporte. Grandeza y crueldad…

Scott se vio ganador en el hoyo 14. Su demostración de poderío hasta ese instante había sido fabulosa. Ningún resquicio. Ninguna grieta. Dudas, las justas. Calles, greenes y dos putts. Y así una y otra vez. Una maza. Sus rivales se iban tambaleando. Apareció el temido viento de casi cincuenta kilómetros por hora y las condiciones se pusieron muy duras. Iban cayendo bogeys, algún doble bogey e incluso un triple bogey, como el de Tiger Woods en el hoyo 6. Pero el líder no sufría. Parecía que la cosa no iba con él…

Hizo un birdie extraordinario en el 14 y sacó el puño con rabia. Ya tenía agarrada una oreja de la Jarra de Clarete. Se sintió ganador. No sólo él. Todos lo sentimos. También sus rivales, que fueron perdiendo la fe, dejándose ir en la recta final. Bueno, todos no. Ernie Els sí creyó. Els fue a por el triunfo. Els es un zorro viejo y las ha visto de todos los colores.

Creyó aún cuando no había demasiados motivos para creer. Hizo bogey en el 9 y se colocó a siete golpes de Adam Scott. Un mundo. Un imposible. Pero siguió remando. Suave, fácil. Como su swing. Hizo birdie al 10, 12, 14 y 18. El viento no era un problema para ‘Big Easy’. Firmó 32 golpes en los segundos nueve hoyos. Ahí, justo cuando se deciden los torneos, en el tramo más difícil de Royal Lytham. Clase A. Y eso que aún se le escapó un birdie claro en el 16. En una ronda de golf hay muchos momentos claves. Siempre se recordará su espléndido putt de birdie de unos tres metros en el 18. Pero quizá no habría llegado a esa situación si no hubiera embocado otro vital para par en el 15 de unos 2,5 metros.

Scott era ajeno a la demostración que estaba haciendo Ernie Els. En aquel momento era una pelea por el segundo puesto. Quedaban cuatro hoyos y tenía cuatro de ventaja. La cosa no iba con él. O al menos eso parecía… Cayó el bogey en el 15. No hizo daño. Tropezar en este hueso casi entra en la hoja de ruta. Más difícil de asimilar fue el bogey del 16. Hoy era un hoyo claro de birdie con el viento a favor. El par era casi una obligación y mucho más desde el centro de la calle. Pero tripateó. Su putter escoba, tan criticado por un amplio sector del golf, le jugaba una mala pasada. Cruel corbata desde medio metro.

Su llegada al tee del hoyo 17 coincide con el birdie de Ernie Els en el 18. En dos hoyos el cómodo colchón de cuatro golpes se convierte en una pírrica diferencia de uno. Scott se da cuenta de que tiene que volver a ganar de nuevo el Open. Pega una salida espectacular, pero su segundo golpe se marcha al rough de fondo del green (¿adrenalina?). No hace la recuperación. Ocurre lo que nadie podía pensar apenas veinte minutos antes. El australiano llega al 18 empatado con Ernie Els, que se encuentra desde hace unos minutos en el putting green.

La historia da un último giro dramático. Scott se marcha al búnker de salida. Apenas puede sacarla de nuevo a la calle. Pega un gran tercer tiro, pero falla después del putt de par de algo menos de tres metros. Pierde el British Open. Gana Ernie Els.

Es el cuarto major del jugador sudafricano. Gana diez años y un día después de su último grande, en Muirfield, en 2002, su primer British. La leyenda de Royal Lytham continúa. Otro gran ganador. ‘Big’ and ‘Easy’.

– No puede considerarse un desastre terminar tercero en un British Open, saliendo el domingo con opciones reales de victoria y manteniéndote vivo hasta el hoyo 12 de la última vuelta. Eso es lo que ha hecho Tiger. Sin embargo, aún no ha recuperado el aura celestial. De hecho, ha fallado en la recta final. Ha dado muestras de su genio, recuperándose de un triple bogey asesino en el hoyo 6. Pero a la hora de la verdad, todavía no está para rematar. No obstante, avanza paso a paso. Quizá toque en el PGA, aunque ya nadie le guarda el puesto en la cola.

– Luke Donald nunca ha llegado a meterse en la pelea por la victoria, esa es la verdad, pero sin hacer ruido, como siempre, ha terminado en quinta posición y, sobre todo, se ha sentido de nuevo enchufado. Ha recuperado chispa y sensaciones. Y defiende su Número 1 mundial con gallardía.

– El pelotazo del día, aparte del de Els, claro, ha sido el de Nicolas Colsaerts. Un 65 supersónico en un día ventoso. El belga se hace superestrella semana a semana, no es sólo un pegador brutal. 

Y ha dado un paso importante hacia la Ryder. En Finca Cortesín ha demostrado los dos últimos años cómo se las gasta jugando match play.

– Graeme McDowell no ha ofrecido la mejor de sus caras ni el domingo de San Francisco ni este de Royal Lytham, saliendo en ambos grandes en el partido estelar. Demasiado desorden. Garra y lucha, toda la que se quiera, eso sí, pero con muchos altibajos y sin precisión.

– La Armada salva algo más que los muebles con la noveno puesto de Miguel Ángel Jiménez. En todo caso, la cintura del malagueño para regatear problemas y terminar enseñando las orejas no debe confundirnos: sin Sergio a su mejor nivel y con Álvaro Quirós en cuarentena, las posibilidades ahora mismo de cantar al fin victoria en un ‘major’ en el Siglo XXI son muy escasas.

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