
Las intensas lluvias que cayeron en la madrugada de ayer sobre Royal Lytham han dado paso a un día despejado, al menos de momento y siempre con la cautela que hay que tener con el tiempo en el Reino Unido…
Se espera una jornada de corte brillante. La predicción anuncia un día con más claros que nubes y poco viento…
Con estas premisas sobre la mesa, todo apunta a que será una nueva jornada de birdies en el British Open. Sin lluvia, con poco viento, apenas llegará a los diez kilómetros por hora a lo largo del día según el parte, y con el campo receptivo por el agua que ha recibido en las últimas horas. No obstante, ya está visto y comprobado que Royal Lytham sabe defenderse perfectamente solito. Hay que jugar muy bien y, sobre todo, estar fino desde el tee para sacarle las plumas al campo.
En cualquier caso, si se cumplen las benignas previsiones, el corte podría situarse hoy en +2. A primera hora de la mañana ese es el cálculo y con esa idea deben salir al campo los jugadores, sobre todo aquellos que rondan ese registro, golpe arriba o abajo, como es el caso de la práctica totalidad de la Armada española. Toca, así pues, una jornada de trincheras, de lucha constante y seguramente de enorme desgaste psicológico.
En el turno de mañana (siempre horario peninsular español) saldrán Pablo Larrazábal (08.03); Gonzalo Fernández Castaño (09.20) y Álvaro Quirós (09.42). Mientras, por la tarde jugarán Alejandro Cañizares (13.15); Miguel Ángel Jiménez (13.48); Rafa Cabrera Bello (14.10) y Sergio García (15.43).
También será el día para que reaccionen aquellos favoritos, sólo unos pocos, que ayer no estuvieron a la altura. Una de las principales sorpresas negativas fue Martin Kaymer. El alemán, que jugó junto a Tom Watson, arrancó con una vuelta de +7. Nada más acabar se castigó con una dura jornada de trabajo. Es el carácter del alemán. Mucho tiempo después de entregar la tarjeta aún estaba en la zona de prácticas sacando de búnker bajo la lluvia.
Otro del que se espera una respuesta hoy es Lee Westwood, que arrancó con +3. El inglés no recordó ayer en nada al Westwood que nos tiene acostumbrados: errático desde el tee y obligado, incluso, a tener que jugar a zurdas para sacarla de un búnker de calle.


