
Adam Scott no fue el único jugador que perdió ayer en Royal Lytham el British Open. Hay otros dos nombres que quedaron muy tocados…
Uno de ellos es Tiger Woods. El búnker del hoyo 6 donde cavó su tumba ha entrado también de lleno en la leyenda de los Open Championship. El búnker y por supuesto la imagen de Tiger prácticamente sentado sobre la hierba para poder dar el golpe. “Fue un error mínimo. Nos equivocamos por una sola yarda”, reconocía ayer un Tiger muy afectado. Aquel triple bogey, después de necesitar dos golpes para sacar la bola, golpeó de forma salvaje al norteamericano, aunque lo cierto es que después consiguió rehacerse y volvió a colocarse por momentos a la altura de Els.
Sin embargo, no era el Tiger de los días anteriores. No consiguió hacerse en ningún momento al fuerte viento de Lytham. Falló más calles que jueves, viernes y sábado y se metió en más problemas. El putter tampoco rindió de una manera espectacular. Aún así, acaba tercero y vuelve a demostrar torneo tras torneo y major tras major que sigue dando pasos hacia delante en su largo y lento camino de vuelta.
El otro gran derrotado fue Graeme McDowell. El norirlandés estaba muy dolido con su segundo golpe en el hoyo 11, una madera 3 que salió directamente a la izquierda y fue engullida por los arbustos. “Fue un golpe de hándicap 15. No le encuentro mucha explicación. Fue un swing horrible y me costó muy caro”, señaló resignado.
McDowell ha salido en el partido estelar en los dos últimos mayors. “Lo que yo he vivido en el Olympic Club (US Open) y en Royal Lytham es una aprendizaje que no puede pagarse con dinero. Seguro que me servirá para el futuro. Es duro salir el domingo en el último partido en dos grandes y no lograr la victoria. Espero que me toque la próxima vez”.


