
Hoyo 7. Par 5. Miguel Ángel Jiménez pega un drive que termina en el rough alto. La bola se queda de todas las maneras que uno imagine, menos bonita…
Los aficionados, como es habitual en estos casos, se agolpan en torno al lugar donde ha aterrizado.
Y el malagueño se acerca solemne, estudia el escenario, levanta la vista y clama en voz alta, para que todo el mundo le oiga bien: “this is a Seve situation…”
Ni que decir tiene que la afición inglesa recibe el comentario con alborozo. Risas y aplausos. Miguel, metido en el papel, como a él le gusta, saca un hierro 7 y con un ‘stance’ muy precario produce un buen golpe, haciendo algo de distancia y llevando la bola a calle, y termina firmando el par en el hoyo.
Esta era en realidad la disposición de hoy de Jiménez en Royal Lytham & St.Annes: disfrutar y hacer disfrutar. Todos los jugadores sin excepción reciben aplausos en cada green, pero hay categorías de aplausos… Desde el top (ese minuto largo de ovación que ha recibido Tom Watson hoy a su llegada al 18), al segundo escalón de importancia, en el que se encuentra desde luego el español. Él se lo ha ganado a pulso (“soy el abuelito del tour, ¿no me van a aplaudir?”, suele decir), y además este año coincide con el recuerdo a Severiano, rey de Lytham.
Por desgracia, la predisposición no siempre es suficiente. Miguel comenzaba con bogeys en el 2 y 3, que tuvieron una rápida respuesta (birdies al 4 y 5), pero luego nada terminó de ir como debiera. “No tengo alegría ninguna en los greenes. He tenido de todo un poco en la vuelta, pero cada fallo era casi un bogey. El campo se defiende muy bien, sobre todo con esas banderas que han puesto encima de algunos nervios, que parece que no están, pero que sí están”, explicaba.
Para mañana, como la mayoría de los que se ha retrasado en la clasificación, Jiménez espera que sople de verdad el viento. Y a ver qué pasa.


