
Álvaro Quirós estaba feliz después de meterse en el Open de Muirfield (del 14 al 21 de julio), pero con serios matices. Con reparos. Este éxito no ha espantado la mosca que ronda detrás de su oreja…
Así describía a Tengolf sus sensaciones pocos minutos después de entregar esa gran tarjeta de 66 golpes en el Old course de Sunningdale que lo metía en el British. «Tengo que reconocer que mi juego está como una veleta. Cambia de un hoyo para otro y no sé por qué… La verdad es que he hecho lo que he hecho por corazón, porque sinceramente el juego no me acompaña. Estoy bastante perdido y con malas sensaciones, incluso con el putt. Me encuentro entre la resignación ante el hecho de no dar buenos golpes con regularidad, y luchando con corazón, y la impaciencia por no terminar de ver luz al final del túnel».
Evidenentemente, la pregunta surge rápida y rotunda: ¿cómo se puede firmar un sobresaliente 66, el mejor resultado en ese recorrido en el día y con siete birdies en la tarjeta, cuando el juego no acompaña? El de Guadiaro, entonces, metía el bisturí en su vuelta:
«He cogido dos pares 5 de segundo golpe (hoyos 1 y 14) y ahí los birdies salen más fácil. Además, en el hoyo 3, que es un par 4 corto, la he dejado en green desde el tee. Otro birdie. Y en el hoyo 9, otro par 4 muy corto, la he dejado a la entrada del green desde el tee. Chip y putt y otro birdie. Luego también he embocado una desde fuera con un buen chip, y he metido un par de putts».
Sea como sea, la preocupación por la inestabilidad en el juego no deja al jugador español disfrutar al ciento por ciento de su logro. «Es que ir a un British en estas condiciones es ir allí para sufrir…», sentenciaba.
Desde fuera, por supuesto, se ven las cosas de otra manera porque al fin y al cabo aún queda casi un mes para la cita en Muirfield. Y pueden pasar muchas cosas hasta entonces.


