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Miguel y Rafa, atrapados en la arena de Muirfield

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Miguel Ángel Jiménez, 77 golpes, y Rafa Cabrera Bello, 76. Mal día en la oficina en Muirfield y unos cuantos pasos atrás en la clasificación. Los dos españoles han sufrido de lo lindo en otro día áspero en el Open Championship, especialmente para los que jugaban por la tarde.

Jiménez, que salía como líder, con «un pellizco en el estómago», con un pantalón especial para la ocasión de cuadros escoceses y tras recibir la bendición de Tom Watson minutos antes de salir del tee del hoyo 1, no se ha encontrado tan bien como en los días anteriores. Ha estado mucho más errático de tee a green. Se le ha visto metido en las espigas de Muirfield más que en toda la semana y ha ido solventando los problemas con un putt más que sólido.

Sufrió mucho. Sus tiros no fueron tan finos como el jueves y el viernes. Ya no botaba la bola antes de green para hacerla rodar a la bandera, no, hoy buscaba más el trapo, como si la sensación de ver banderas más asequibles y los greenes un poco más receptivos le hubieran abierto el apetito. «Nunca aprendemos, mira que nos lo decimos muchas veces, no hay que buscar las banderas en los grandes porque te acaban cazando». Esta frase de cabecera de Jiménez en los últimos años fue repetida por él hoy aunque de otra manera. «No estaba nervioso, me gusta sentir el pellizco de verme líder en un British Open el sábado. De tanto repetirlo al final te das cuenta de dónde estás, pero ese no era el problema. Quizás he sido más agresivo de la cuenta en algunos momentos. Debería haberme quedado más tiempo encima de la bola en algunos putts, medio segundo más, he tenido cierta ansia por meterlos», explicaba.

Ese ansia le ha llevado a cometer algunos errores, aunque se mantenía vivo con dos birdies en el 9 y en el 13, éste con un tirazo sensacional. Pero aún esperaba lo peor. Hacía doble bogey en el hoyo 16 tras marcharse al búnker y no poder sacarla de primeras. La suerte tampoco estuvo de su lado. «El búnker estaba mal rastrillado y la bola se me quedó justo delante de una onda de arena. Era imposible sacarla», señaló. Necesitó dos golpes y después falló el putt de bogey.

El bogey del 17 fue una puntilla traicionera. Tres putts desde cinco metros. Precisamente con el putt, el palo con el que se le ha visto más cómodo durante toda la semana.


Rafa Cabrera Bello también sufrió con los búnkers de Muirfield, aunque sobre todo con los de calle. No consiguió coger pista hoy. Se metió en muchos problemas y aun así fue salvando las dificultades, en muchas ocasiones haciendo filigranas alrededor de green. Mediada la vuelta pertenecía al exclusivo grupo de jugadores que estaba bajo par en el Open, junto a Westwood, Tiger y Mahan. Soñaba.

Sin embargo, los segundos nueve hoyos han supuesto un castigo muy severo, especialmente entre los hoyos 12 y 14, donde enlazó tres bogeys consecutivos. «Los segundos nueve hoyos han sido una pena, son pequeños detalles los que marcan tu vuelta», apunta. Acabó con dos bogeys más en el 16 y en el 18, como si Muirfield la hubiera tomado hoy con los dos españoles.

Sea como fuere, Jiménez (+3) y Cabrera Bello (+4) aún tienen motivos para soñar con el milagro, aunque saben que se trata de un milagro. Saldrán a seis y siete golpes, respectivamente. Miguel se siente fuerte y confiado. «El que acabe bajo par ganará el Open. A ver Miguel, vas +3, pues ya sabes, mañana hay que hacer un 67. Es difícil, pero claro que un links se pueden recuperar seis golpes en un día», explicaba el malagueño.

Cabrera Bello, precisamente, sabe perfectamente cómo se hace ese 67. «Ya lo hice el jueves, así que vamos a pensar en esa vuelta y a ver si nos anima a repetirla, y si no, a seguir aprendiendo y cogiendo experiencia en los grandes».

Curiosamente, Rafa y Miguel podrán alimentarse mutuamente. Los dos juegan juntos mañana en Muirfield.