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Primer y fulminante acercamiento al Open y a Muirfield…

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Recién aterrizados en Muirfield. No hacen falta presentaciones: vayamos rápido a la acción. Hoyo 9, par 5, muy cerca de la carpa de prensa. Viene Phil Mickelson jugando junto a Dustin Johnson, Rickie Fowler y Brooks Koepka, la sensación del año en el Challenge Tour (el joven norteamericano ya ha ganado tres torneos y se ha hecho un hueco por la vía rápida en el circuito europeo).

 

Sigamos con Lefty. El flamante ganador del Open de Escocia y, de paso, favorito esta semana en el Open, se ha ido con su segundo golpe a un búnker de calle situado a unos setenta metros del green. Arriesga con la elección de palo (qué raro) y no la saca al primer intento (momento que capta la foto que encabeza esta crónica de ambiente). Taludes made in British. A la segunda tentativa la manda a otro bunker. Y desde allí, al fin, a unos cinco metros de la bandera, desde donde pateará para salvar el bogey…

Es un primer y fulminante acercamiento al Open. Sin embargo, no hay que dramatizar. Mickelson es algo así como un pandillero del golf, siempre en busca de jaleo, pero lo cierto es que la semana promete sol, ambiente cálido, y una continua brisa del mar que, en principio, no pasará de los veinte kilómetros por hora. No hay que fiarse, pero estas son las previsiones y así hay que contarlas.

En un primer acercamiento al campo que Harry Colt, con su rediseño a principios de los años veinte del siglo pasado, situó en la cresta de la ola y como uno de los grandes retos de golf para aficionados y profesionales, hay que señalar obligatoriamente que las calles están bastante secas. Y los greenes, en la misma línea, se sienten duros. Así pues, dos conclusiones de entrada: será algo más complicado conquistar la calle, pero también puede hacerse mucha más distancia si se va por el sitio. Se verán más hierros desde el tee y el driver perderá protagonismo.

Annte semejante tesitura se impone de nuevo recordar la victoria de Tiger en Royal Liverpool (2006) sin apenas quitarle la funda al cabezón de la bolsa. Pero hay algunas diferencias entre uno y otro campo. Hace siete años, en Hoylake, el rough apenas hacía daño; en Muirfield, a día de hoy, no es que se trate de una maraña impenetrable, pero penaliza mucho más que entonces.

No es que lo digamos nosotros, es que hoy lo aseguraba el propio Tiger en sala de prensa. “He jugado ya tres días aquí y apenas he pegado un par de drivers… Jugué con Jason Day el otro día y él todavía no había sacado el driver de la bolsa. Habrá muchos hierros desde el tee. En algún hoyo he puesto la bola a 280 yardas con el hierro 4, y casi trescientas con el hierro 3. Esto, con este viento, claro, porque todo puede cambiar. Pero el campo está muy rápido”. El análisis de Wons no puede ser más certero. Y se puede añadir algo más: ayer, jugando el hoyo 17, par 5, el Número 1 del mundo pegó hierro 3-hierro 3 y la dejó limpiamente en green. A él, lógicamente, se le ve encantado y con semejantes perspectivas su favoritismo gana todavía algún entero más.

La delicia que nos dejó Mickelson el lunes en la vuelta de prácticas…