
Hoylake se ha vestido de Open Championship. Cada uno de los pequeños comercios de esta tranquila villa de la península de Wirral, unos diez kilómetros al oeste de Liverpool, en el margen izquierdo de la desembocadura del río Mersey, muestra orgulloso en sus escaparates el cartel del torneo. La imagen del defensor del título, Phil Mickelson, abrazado a su jarra de clarete te saluda a cada paso, desde cada esquina.
El Royal Liverpool, que como buen links se recuesta cerca del mar desde hace 145 años, recibe por duodécima vez el Open Championship. Su bautizo fue en 1897. Es, por tanto, una de las seis privilegiadas sedes del torneo que se estrenó antes de la llegada del Siglo XX (por orden de aparición: Prestwick, St Andrews, Musselbourgh, Muirfield, Royal St George’s y Royal Liverpool).
Si hubiera que definir a este recorrido con una sola y clara sentencia, quizá habría que recurrir a la que escribiera hace un siglo Bernard Darwin, ilustre escritor de golf y nieto de Charles, el insigne naturalista: “un campo azotado por fuertes vientos, creador de grandes campeones”. No andaba desencaminado sin nos atenemos a buena parte de la nómina de ganadores del British en Royal Liverpool: Harold Hilton (1897), J. H. Taylor (1913), Walter Hagen (1924), Bobby Jones (1930), Peter Thomson (1956), Roberto De Vicenzo (1967), Tiger Woods (2006)…
Los tiempos de Darwin eran otros: la actualidad se mascaba casi desde las mismas entrañas; sin cuerdad ni parapetos. Pero hasta cierto punto algo puede unirnos todavía. Aquí, en el Royal Liverpool, la entrada de la carpa de prensa se encuentra a poco más de veinte metros del fairway del hoyo 3. Y a menos de diez de las cuerdas y del denso rough. Puede uno salir corriendo por la puerta y toparse con un profesional que anda buscando su bola…
Esta semana es el hoyo 3, cierto, aunque en realidad durante el resto del año se trata del hoyo 1. En el British, por aquello de las infraestructuras (espacio y mejor distribución de las gradas), y también para provocar un final apoteósico con dos pares 5 (hoyos 16 y 18), se trastoca el recorrido tradicional, de tal manera que los hoyos 1 y 2 que ustedes verán esta semana (igual que en 2006), en realidad son los hoyos 17 y 18 del diseño genuino. No deja de ser curioso que el green en el que Roberto de Vicenzo celebró el triunfo a sus 44 años en 1967, sea ahora el del hoyo 2, tan lejos del tramo decisivo.
Royal Liverpool ha recibido hoy a buena parte de los jugadores (algunos habían llegado antes, como Tiger) sin grandes novedades: viento del sudoeste, clásico por estos lares, con rachas que sobrepasaban tranquilamente los treinta kilómetros por hora. Esta dirección (sudoeste) significa fundamentalmente una cosa: en la mayoría de los hoyos, ayudando o en contra, el viento te lo acabas encontrando cruzado…
Aunque de momento, según las previsiones, parece que soplará más hasta el miércoles y dará tregua el jueves, primer día de torneo, para reaparecer el viernes. Por si acaso, hagamos la puntualización de siempre: conviene no fiarse al ciento por ciento de las previsiones cuando se trata del viento.
Ni que decir tiene que la reaparición de Tiger atrae todos los focos. Vayamos sin perder el tiempo a la pregunta del millón: ¿Está para ganar? Podemos contarles de primera mano que la mayoría de analistas norteamericanos creen que todavía es pronto. Pero con Tiger ocurre lo mismo que con el viento: cualquiera se fía de las previsiones, sean en el sentido que sean…
Los españoles han ido aterrizando aunque el único de nuestros cinco magníficos (Jiménez, García, Larrazábal, Fernández Castaño y Cabrera Bello) que hoy ha jugado 18 hoyos ha sido el más ‘joven’ de todos ellos: Jiménez. El malagueño viajó durante la tarde-noche del domingo desde Royal Aberdeen, escenario del Open de Escocia, a Hoylake y en sus planes no entraba jugar el campo de cabo a rabo. Pero se ha puesto, se ha ido gustando, soltando… “Y al final he jugado los 18. al fin y al cabo, ¿dónde estoy mejor que jugando el golf?”, explicaba a Tengolf con esa sencillez demoledora tan suya.


