
Una de las historias del día, seguramente. Gonzalo Fernández Castaño estaba trabajándose el green del hoyo 16 del Royal Liverpool, en el tramo final de su vuelta de prácticas, cuando de repente ocurrió algo…
Apareció una bola tranquila y serena por el tapete, acercándose mansamente a la bandera. Hay que recordar que el 16 es un par 5. Allá, a lo lejos, podía vislumbrarse la silueta de Martin Kaymer. El alemán no se descarta para la victoria en el British Open que comienza mañana, después de su éxito en Pinehurst, y visto lo visto puede que en efecto llegue en un gran momento porque aquel era su segundo disparo y la bola se frenaba a poco más de medio metro del hoyo… Un eagle prácticamente dado. Sí, en ronda de entrenamiento, pero un eagle al fin y al cabo.

El madrileño reaccionaba al instante, tomando prestada por unos segundos la bola del alemán y escribiendo en ella un mensaje con un rotulador. Cabrón. No hace falta explicar que en España, como en ningún otro lugar del mundo, un insulto es en realidad muchas veces un piropo, un signo de reconocimiento y de admiración.

Alemán y español se fundían poco después en un abrazo. Son buenos amigos y Fernández Castaño se alegra sinceramente de los éxitos del teutón. «Ya lo he dicho otras veces: lo mejor de Kaymer está por llegar». Martin, que mantiene una excelente relación con muchos jugadores de la Armada y que además se parte el pecho con el humor español, entendió perfectamente el mensaje. Cogió la bola y, sin patear, la guardó. «Esta bola no la voy regalar ni a perder, la voy a enmarcar», le dijo a Gonzalo.


