Inicio The Open Championship The Open Championship 2014 Sergio sopló y sopló… pero McIlroy no se derrumbó

Sergio sopló y sopló… pero McIlroy no se derrumbó

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Hoylake amaneció radiante, soleado, calentito, ideal para dar un agradable paseo por Royal Liverpool, acercándose al tee del hoyo 11 para disfrutar de las fantásticas vistas de la playa.

Ese era el plan de Rory McIlroy esta mañana cuando le sonó el despertador. Para eso se fabricó una extraordinaria diferencia de seis golpes con Rickie Fowler y siete con Sergio García durante tres días de golf de alta escuela.

Sin embargo, cuando Rory se subió al tee del 11, el plan se había ido al garete. Dos inquietantes nubes negras se habían colocado sobre su cabeza. Una amenazaba lluvia y la otra amenazaba con arrebatarle de las manos la Jarra de Clarete. La segunda respondía al nombre de Sergio García. Sensacional el comportamiento del jugador de Borriol en una jornada final del Open Championship que quedará para el recuerdo.

Prácticamente, ninguno de los más de cincuenta mil espectadores que abarrotaron este domingo Royal Liverpool creía en la machada. Sin embargo, Sergio les obligó a hacerlo a golpe de birdie, en el 1, 3, 5, y de eagle, en el 10. Las gradas tronaban, sonaba el mítico “oé, oé, oé, oé…” al paso del español. Superado el ecuador de la vuelta, la diferencia de siete golpes había quedado enjugada a tres. Sergio se concedió licencia para soñar. Tres golpes y ocho hoyos por jugar. En un escenario así cualquier cosa puede pasar en un major.

García venía jugando de forma excelente y Rory sufría. Intimidó con un birdie en el 1, pero dos bogeys consecutivos en el 5 y el 6 provocaban un ligero temblor en la tierra. Sergio marchaba concentrado, serio, pero sereno y relajado. Iba flotando, disfrutando de un ambiente en el que se siente como en casa. “Cuando llegué al 18 y me dieron esa ovación casi se me caen las lágrimas. Es increíble cómo me tratan siendo español, no británico, es muy especial”. Tirazo tras tirazo Sergio fue comiendo terreno a un Rory que dudaba, aunque en ningún momento llegó a descomponerse.

En el 11 comienza el tramo más duro de Hoylake y Sergio empezó a sufrir. La temperatura bajó y las pulsaciones subieron. El de Castellón sintió la presión, lógico, y su swing también. Ya no viajaba tan fluido, ya no flotaba. Estaba más agarrado, tratando de asegurar el tiro. Se quedó corto en el green del 11, pero casi metió el putt de birdie de unos nueve metros. Si entra, quizás todo habría cambiado. En el 12 se le disparó la adrenalina, la bola salió suelta del rough y rebotó contras las gradas del green. Se le quedó un buen chip y salvó un par espléndido. Tampoco cazó el green del 13 y el 14, pero sacó pares fáciles. Cuando todo salía, vibraba por el campo y cuando comenzaron las dificultades se agarró.

Eso sí, necesitaba algo más para batir a un sólido McIlroy. No era la versión imperial del norirlandés, pero seguía entero, sin fisuras, fuerte. Sergio necesitaba un toque de magia, algo muy especial, o algún error de Rory. Ni una cosa ni la otra llegó. Un bogey en el 15 del español sentenció el British. Cayó al búnker y necesitó dos golpes para sacarla. “En el primero intenté tocarla con mucha sutileza porque si la botaba una o dos metros fuera del búnker hasta la podía meter, pero salió mal”, explicó. McIlroy lo vio todo desde el tee y bajaron las pulsaciones. Ahí se vio ya con la Jarra de Clarete.

Sergio acabó de forma excepcional. Hizo birdies al 16 y al 18 pateando para eagle y se dio otra opción más que razonable de birdie en el 17. Pero ese momento mágico que te cambia la vida no llegó y McIlroy levantó su primer Open Championship y su tercer grande con sólo 25 años. Está a un Masters de su particular grand slam. Sólo Nicklaus y Tiger alcanzaron sus tres primeros grandes diferentes antes que él.

Sergio fue segundo, pero no perdió el British, ni mucho menos. Lo ganó McIlroy y García se llevó su propia victoria. Puede haber un antes y un después de García tras este domingo en Royal Liverpool. El tiempo lo dirá, pero algo nos dice que no tardará en volver a ponerse con opciones de ganar en un grande el último día.

Resultados finales