
17 de julio de 2016. Un joven sueco se sienta frente al televisor junto a sus amigos para ver en directo como Henrik Stenson ganaba el Open de ese año tras una vuelta final memorable. Ese muchacho tenía por aquel entonces 16 años y no es otro que Ludvig Aberg: «Los 17 de julio deberían ser fiesta nacional en Suecia. Fue un día genial. Recuerdo perfectamente verlo con mis amigos. Es genial ver todo lo que Henirk ha hecho, y todavía hace, por el golf sueco. Esa victoria obviamente fue la cumbre de todo eso».
Son las palabras de Aberg nada más llegar a Royal Troon después de su quinto puesto en el Genesis Scottish Open. Esta semana el jugador formado en Texas Tech completa el círculo. Debuta en el último Major que le queda por comparecer: «Me encanta estar aquí. Me encanta jugar estos torneos y me hace mucha ilusión. Es el Major que está más cerca de mi casa, sin duda, y es el que he visto un poco más cuando crecía, lo noto un poco más cercano. Siento esa conexión con el Open y con el Reino Unido».
No es una semana cualquiera para el sueco y no tiene ningún problema en reconocerlo: «Me hace mucha ilusión. Creo que va a ser una semana genial, un torneo genial, ya que es mi primer Open y nunca he estado en ninguno. Estoy tratando de absorberlo todo de lunes a miércoles, y el jueves estar lo más preparado posible para jugar un buen golf».
El sueco llega al torneo después de se le escapara el triunfo este domingo en The Renaissance Club. Un domingo gris desde el tee le impidió estar en la pelea en el último tramo de torneo: «Con el driver llevo un par de semanas arrastrando algunas tendencias que me impiden ser el más consistente con mi swing y estoy trabajando en ello. Necesito un empujoncito en la dirección correcta y lo estamos solventando. A veces tienes sensación de dar un paso atrás, pero soy optimista».
La primera temporada completa de Aberg en el mundo profesional se podría considerar espectacular para el 99% de los jugadores rookies de cualquier circuito, pero en el caso de Ludvig las expectativas son muy altas. Siete top ten son una gran ristra de resultados, sin embargo el jugador de 24 años no se conforma y quiere más.
Quizás merezca la pena recordar que debuta en el Open como número cuatro del mundo. Un caso muy especial en la historia del golf. Está lidiando con la presión cada semana y poco a poco se va sintiendo más a gusto: «He aprendido mucho que me gusta estar en esa situación. Creo que eso es lo principal. Intento no rehuirla».
No hay muchos jugadores capaces de afrontar la presión de este modo, no solo no se esconde si no que busca esa adrenalina: «Estar en esa situación es genial. Es divertido ver a la gente alrededor disfrutando, viendo el golf, y luego disfrutando viéndote jugar, y en última instancia, esa es la razón por la que juegas al golf». Quien crea que esas pequeñas derrotas podrán con el nacido en Eslov se equivoca. Salir al campo a disfrutar es el objetivo de Aberg y para ello se aplica a sí mismo un concepto futbolístico: «En el fútbol se habla mucho de querer el balón, y eso es lo que intento decirme a mí mismo, y eso es lo que quiero hacer. Me gusta la presión. Creo que en el fondo eso es lo que quiero. Por eso juego y practico todas esas horas».
Ludvig Aberg bien podría ser un integrante del equipo nacional que ayer levantó la Eurocopa en Berlín. Sonríe, le gusta la presión y quema etapas a ritmos desorbitados. Balones a Ludvig que esta semana buscará la machada de ser el sexto jugador de la historia en ganar el Open en el año de su debut…


