
Poco después de las dos y media de la tarde, hora local, empezó a llover sobre Royal Troon. Ya no paró hasta las ocho y diez, justo cuando Daniel Brown embocó su putt de doble bogey en el hoyo 18 y Shane Lowry hizo lo propio con el suyo de bogey. La clásica broma pesada escocesa.
Los siete últimos partidos del moving day se chuparon una calada de época. Uno de esos días en los que no hay caddie que te salve, en el planeta tierra no hay toallas suficientes para secar los palos y necesitas un camión de guantes para ir cambiando casi después de cada golpe. De locos.
Si a eso le unimos el viento, esta vez del norte, que empezó a animarse a eso de las cuatro de la tarde y ya jamás paró, resulta que el Open, una vez más, bendito British de nuestras entretelas, nos brindó la enésima oda a la épica. Dios salve al Open.
La peor parte, con diferencia, se la llevaron los últimos partidos, por lo que el día del movimiento hizo honor a su nombre. Por eso, un señor como el sudafricano Thriston Lawrence (-3), que salió tres horas y diez minutos antes que el partido estelar, se ha colado de rondón en el último tee time del domingo. Comenzó el sábado a diez golpes del liderato y se ha colocado a uno, remontando más de treinta posiciones.
Su espectacular escalada tiene mucho que ver con su estelar 65, sólo igualado por Sam Burns (-3), otro que se ha colocado a un golpe de la cabeza viniendo de otro planeta, pero sobre todo se debe a la escabechina que se ha vivido en los últimos partidos, especialmente en los nueve hoyos finales, jugados bajo una incesante cortina de agua, con una sensible bajada de las temperaturas y con un notable viento en contra. Una salvajada.
Así, se han visto segundos golpes en los hoyos 11 ó 15 de 240 metros, maderas 3 en el tee del 17, par 3, golfistas que no llegaban de dos en el 15 ni de tres en el 16 a poco que fallaran al rough en alguno de los dos primeros tiros. Una carnicería perfectamente dibujada en el expresivo rostro de un desencajado Shane Lowry (-1). Cómo ha tenido que ser el asunto para sacar de quicio a un guerrero irlandés como Lowry y a un tipo que hasta el hoyo 8 ha mostrado un oficio a prueba de huracanes. Desde el 8 su parcial ha sido de +7. Cada golpe era prácticamente un slice. Un martirio.
Daniel Brown (-3), que aguantó como un jabato con ese golf sencillo, ordenado y eficiente, también terminó saltando por los aires. Resistió más que que Lowry, con ese semblante que parece más alemán o danés que inglés, pero terminó por descarrilar en el 17 y 18, justo cuando estaba a punto de escribir una preciosa página en la historia: salir el domingo en el partido estelar en su primer Grande. Casi nada. Pero no será. Tres más en el dos hoyos. En ambos casos engullido por la arena.
Su golpe de salida en el hoyo 18 se quedó casi en equilibrio en el borde del búnker de la izquierda, por lo que no le quedó más remedio que meterse en la trampa de arena y pegar el golpe con la bola a la altura de sus ojos. Apenas pudo avanzar unos metros y su tercer golpe, aún bastante largo, fue malo, de nuevo al búnker. La bola se quedó tan pegada al talud que tuvo que olvidarse de la bandera. La sacó a unos ocho metros del hoyo y falló el putt. Doble bogey.
Billy Horschel (-4), líder en solitario del torneo, y Justin Rose (-3) han sido los principales exponentes de la épica de un día terrorífico de British Open. Con la gorra hacia atrás para evitar el agua resbalando por la visera hacia los ojos, la mirada incendiada de intensidad, con una determinación fabulosa y celebrando cada putt como si fuera el último de sus vidas, han dado una lección de supervivencia, sobre todo el americano, con una exhibición desde la arena y en los greenes. Será su segundo liderato en un Grande desde la segunda ronda del US Open de 2013, ya ha llovido, y el primero antes de una ronda final.
Este épico moving day nos ha dejado un desenlace de Open extraordinario. Hay siete jugadores separados por un solo golpe, de los cuales sólo Xander Schauffele (-3) y Justin Rose (-3) saben lo que significa ganar un Grande. Además, están los citados Lawrence, Brown, Burns y Russell Henley. Todos a un golpe de Horschel.
A dos golpes se ha colocado un Scottie Scheffler (-2) que admitió haber vivido los nueve hoyos más difíciles de toda su carrera. El Número Uno del mundo está ahí y sus opciones de victoria pasan simplemente por patear de una manera decente. Sin embocar prácticamente nada está ahí. Si mañana tiene un buen día en los greenes, el resto tendrá que apartarse. Shane Lowry (-1) cierra la nómina de jugadores bajo par.
Más allá, hay catorce jugadores separados únicamente por cinco golpes, entre ellos Justin Thomas (PAR) y Adam Scott (PAR). Cualquier cosa puede ocurrir este domingo. Y Jon Rahm… a seis. Por si las moscas.
Dios salve al Open.


