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Los que nos enseña a todos lo que hizo para superar la dolorosa derrota contra DeChambeau

Las tres decisiones drásticas de Rory para superar el duelo

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Rory McIlroy, durante la ronda de prácticas en el Open Championship.
Rory McIlroy, durante la ronda de prácticas en el Open Championship. (© Golffile | Thos Caffrey)

Rory McIlroy tomó tres decisiones drásticas en los poco más de cinco minutos que transcurrieron desde que falló el putt de par en el hoyo 18 del US Open hasta que salió por la puerta de Pinehurst de vuelta a casa. Tres decisiones que dejan enseñanzas de las que todos podemos aprender algo.

La primera fue olvidarse del golf. De la competición. Se acabó. Saturación. Se borró del Travelers Championship que se jugaba a la semana siguiente y tomó la determinación de no tocar un palo en un mes. O casi. Al menos, hasta el jueves del Scottish Open. Es decir, 26 días exactos.

La segunda fue cambiar de número de teléfono. Se dio cuenta de que necesitaba espacio cuando en poco más de dos minutos, después de confirmarse la victoria de Bryson DeChambeau, le llegaron entre diez y quince mensajes de diferentes periodistas.

La tercera fue irse a Nueva York, a Manhattan. Aislarse del mundo. Sudadera con capucha, auriculares y a pasear por la gran manzana sin ser reconocido. Sólo él y sus pensamientos.

La primera no la cumplió. No fue capaz de estar 26 días sin tocar un palo. Es más, a los 4-5 días de acabar el US Open ya estaba pensando en pegar bolas, entrenar y prepararse para el siguiente torneo. Esta deseando volver a competir. «Me sorprendió mucho. De verdad que salí de Pinehurst sin querer saber nada del golf y a los cuatro días el cuerpo ya me estaba pidiendo pegar bolas. De pronto, la decepción se convirtió en motivación», asegura. La primera lección es que no hay mal que cien años dure. Por mucho que haya momentos de máxima oscuridad, siempre aparece una luz al final del túnel.

Respecto a la segunda, sí que la cumplió. Tanto es así que no le llegó el mensaje que le mandó Tiger Woods mostrándole su empatía, lo que derivó en una situación algo incómoda. «Cuando Tiger me ha hablado del mensaje ahora que nos hemos vistome he quedado en blanco, no sabía de qué iba y no es algo muy agradable estando con Tiger. Después se lo he explicado y lo hemos aclarado. No tengo más que palabras de agradecimiento hacia Tiger. Ya en 2022 me mandó un mensaje muy cariñoso tras el Open Championship de St Andrews. Me parece increíble tener esta relación con alguien que estaba en un póster en la pared de mi cuarto. Cuando era niño soñaba con conocerlo y hasta con competir contra él. No sólo lo he conseguido, sino que además he conseguido ser íntimo amigo suyo. Un sueño hecho realidad». Lo que podemos aprender de Rory en este sentido es que, aunque parezca un drama, se puede cambiar de número de teléfono sin que se caiga el mundo.

Al día siguiente de caer en el US Open, Rory estaba paseando por Manhattan. «Fue un tiempo para mí, para meditar. Es muy agradable estar paseando por una ciudad con tanto bullicio y donde la gente va a sus cosas sin reparar en los demás, no te reconocen», asegura. La tercera y última lección es que aún hay lugares donde todos nos podemos perder. Si Rory puede hacerlo, quién no.

En cuanto al Open, McIlroy llega preparado para romper de una vez su sequía de Grandes. En agosto se cumplirán diez años exactos sin llevarse uno a la boca. Si algo ha aprendido en este tiempo es a darle la importancia justa. «Ya no me agobia que me pregunten por cuándo llegará el quinto Grande de mi carrera. Lo tengo asumido y lo entiendo. No pasa nada. Sé que cuando gane el quinto, empezarán a preguntar por el sexto. Esto va así», advierte.