Inicio The Open Championship The Open Championship 2025 Ha pasado un siglo desde la profecía de Darwin
The Open Championship 2025

Ha pasado un siglo desde la profecía de Darwin

Compartir
Vista del green del hoyo 7 de Prestwick. © Prestwick Golf Club
Vista del green del hoyo 7 de Prestwick. © Prestwick Golf Club

Bernard Darwin, el escritor de golf más afamado y prestigioso de la época, lo auguraba en una de sus crónicas finales del Open Championship de 1925, disputado en Prestwick, la sede primigenia del torneo. “Dudo seriamente que un campeonato deba volver a disputarse allí» escribió. ¿Las razones? Según se recoge en diferentes informaciones de la época, aquella edición del Open (la sexagésima, por cierto) derivó en ciertas situaciones caóticas, sobre todo durante la disputa de la última ronda, con más de quince mil personas en el campo, algunas de las cuales, debido a la falta de espacio y organización, llegaron a interferir seriamente en el juego.

Muchos de ellos, según parece, habían asaltado literalmente el campo accediendo desde la playa, atravesando las dunas. Era la gota que colmaba el vaso del final de una época. Prestwick, que dio alas al torneo, que lo puso en marcha siendo un recorrido de sólo 12 hoyos, diseñado por Old Tom Morris (en 1882 se amplió al fin a 18 hoyos), decía adiós hace justo un siglo y veinte días. El 26 de junio de 1925 se disputaba la segunda y última jornada de aquel Open (*) que ganaría Jim Barnes, un inglés nacionalizado estadounidense, para desconsuelo de Macdonald Smith, otro ciudadano de las barras y estrellas, pero nacido en Carnoustie, que partía con cinco golpes de ventaja en aquella última ronda y que, desbordado por la situación caótica, terminaría firmando un 82 y cayendo a la cuarta posición final.

Hay que señalar varias curiosidades. Por un lado, Bernard Darwin era nieto de Charles Darwin, el mítico naturalista, geólogo y biólogo, revolucionario y lúcido científico con su teoría de la evolución. Por otro, es interesante significar que Bernard era un avezado jugador de golf, que compitió en 26 ediciones del Amateur Championship entre 1898 y 1935, alcanzando las semifinales en dos ocasiones (1909 y 1921), además de formar parte del equipo británico de 1922 en la Walker Cup. Escribió artículos durante más de cincuenta años en el The Times, periódico donde precisamente publicó la crónica que profetizó el fin de Prestwick como sede el Open.

Como última curiosidad, editamos a continuación una crónica reinventada por la Inteligencia Artificial, escrita con el estilo literario de Bernard Darwin y referida a aquel último servicio de Prestwick:

Prestwick, 1925 — Por Bernard Darwin (reimaginado)

Había algo en el aire de Prestwick aquel julio de 1925 que olía menos a la sal del Clyde que a la nostalgia misma. El viento, que alguna vez empujó las pelotas gutapercha de Tom Morris y Willie Park sobre estas venerables dunas, soplaba ahora con una especie de resignación, como si supiera que este sería su último acto en el gran drama del Open Championship.

El campo, siempre travieso, parecía resistirse a la modernidad. Aquellos hoyos caprichosos —con nombres más dignos de un poema épico que de una tarjeta de puntuación— habían desafiado generaciones con más carácter que distancia. Pero los tiempos cambian, y las pelotas vuelan hoy como las balas de un fusil, y los hombres las golpean como si compitieran con el trueno mismo. Prestwick, noble guerrero, parecía ahora un escenario demasiado pequeño para tan ruidoso espectáculo.

El público —oh, el público— desbordó las cuerdas como una marea impaciente. Muchos no vinieron a ver golf, sino a ver gente viendo golf. En más de una ocasión, algún golpe prometedor se perdió no entre bunkers, sino entre zapatos y sombreros de paja. Uno se pregunta si el juego sigue siendo el protagonista cuando la galería se convierte en muchedumbre.

Y sin embargo, había belleza. En la sombra del viejo clubhouse, aún podía oírse el eco de pasos de gigantes: el bastón de Tom Morris, la risa contenida de Willie Park. Uno casi podía verlos, espectros bondadosos entre el rough ondulado, aprobando con una sonrisa triste.

Fue entonces cuando lo supe, con esa certeza serena con la que uno reconoce que el verano ha terminado. Este fue el último Open en Prestwick. No por decreto, sino por destino. El juego ha crecido, y el escenario ya no basta. Y está bien. Los grandes no desaparecen: se retiran con dignidad.

Prestwick no volverá a ser sede del Open. Pero mientras el golf se juegue con un mínimo de reverencia, mientras aún haya quien se quite el sombrero ante una brisa del oeste o una bandera en el horizonte, Prestwick vivirá.

Vídeo realizado por Ten Golf el año pasado en Prestwick

(*) Por entonces, el Open se jugaba en sólo dos días, 36 hoyos en cada jornada. De hecho, aquel Open de 1925, el último en Prestwick, fue también el último que se disputó de aquella manera. A partir de 1926 el Open se jugó en tres jornadas: el miércoles se jugaban 18 hoyos, el jueves otros 18 y el viernes, con el corte ya hecho, una jornada final a 36 hoyos, un formato que llegó hasta 1965, incluido.