Scottie Scheffler se ha remangado más en la sala de prensa que durante los últimos 18 hoyos del Open Championship. El Número Uno del mundo ha hecho un esfuerzo por explicar con claridad su filosofía de vida, la importancia (justa) que le otorga a las victorias, la importancia (justa) que se otorga a sí mismo, ha disertado sobre la felicidad, la fama y ha hecho un especial hincapié en el valor de la cultura del esfuerzo.
Si hubiera que definir el estado de ánimo de Scottie tras ganar el Open se acerca más a la satisfacción que a la felicidad. Aquí es donde juega un papel fundamental en su vida la cultura del esfuerzo. Su lectura es la siguiente: qué alegría que he ganado porque le he dedicado muchas horas a esto. Es fruto del sudor de su frente. «Poder caminar por el 18 con el torneo asegurado es algo muy difícil de describir. Es una sensación muy especial. Tengo mucha gratitud por poder lograr algo como esto. Ha requerido mucho trabajo, esfuerzo y mucha paciencia. Un alto nivel de concentración durante 72 hoyos. Ha sido uno de mis desafíos mentales más importantes de mi carrera. Un sólo error (doble bogey en el 8) en los últimos 36 hoyos es algo muy relevante para mí. Se necesita mucho trabajo para llegar a este punto en mi carrera», asegura.
Las victorias son importantes, pero no definen su vida ni su felicidad. En su rueda de prensa previa al Open, dejó entrever que los triunfos le daban apenas unos minutos de felicidad, pero cree que se le malinterpretó o no se explicó bien. En esta ocasión, se ha explayado. «Civimos ahora en una era donde sólo se busca el clickbait. Se reduce un clip de cinco minutos a tres palabras. Esto subestima lo que intentaba comunicar. Agradezco enormemente vivir momentos como estos. Literalmente he trabajado toda mi vida para ser bueno en golf y jugarlo de manera profesional. Competir aquí es uno de los mayores placeres de mi vida. Poder ganar el Open aquí en Portrush es una sensación muy difícil de describir. Soy muy afortunado de poder vivir mis sueños. Desde niño en Texas quería jugaral golf profesional. Siempre salí al campo con pantalones largos porque quería jugar al golf profesional. Porque era lo que veía a Justin Leonard, Harrison Frazar… Esos tipos llevaban pantalón largo en la televisión y yo quería ser como ellos. Nunca llevaba pantalón corto. Ni cuando hacía 38 grados. La gente se burlaba de mí. Pero eso es lo que quería hacer, quería ser golfista profesional, así que usaba pantalones. Tengo la infinita suerte de poder vivir mis sueños y estoy muy agradecido. Sí, es increíble ganar el Open Championship, pero al final del día, tener éxito en la vida, ya sea en el golf, el trabajo, o lo que sea, no satisface los deseos más profundos de tu corazón. ¿Estoy agradecido por ello? ¿Lo disfruto? Dios mío, sí, es una sensación increíble. Estoy deseando celebrar esto con las personas que me han ayudado en el camino. Pero en el fondo, no satisface los deseos más profundos de mi corazón. Sé que es difícil de explicar, pero es así. Lo hablé con Shane Lowry esta semana, ganar un torneo no te hace feliz. Tal vez por unos momentos, tal vez unos días, pero al final hay más en la vida que jugar golf».
Dicho esto, cuando se le compara con Tiger Woods, se pueden imaginar su respuesta. «Eso son tonterías. Tiger ganó, ¿qué, 15 Majors? Este es mi cuarto. Solo he recorrido un cuarto del camino. Creo que Tiger está solo en este juego. Fue una inspiración para mí. Era un tipo muy, muy talentoso, y era una persona especial por ser tan bueno como lo fue. No me centro en ese tipo de cosas. Eso no es lo que me motiva. No estoy motivado por ganar campeonatos. No miro al comienzo del año y digo, oye, quiero ganar X cantidad de torneos, quiero ganar lo que sea. No hago eso. Tengo sueños y aspiraciones en los que pienso, pero al final del día, cuando me despierto para practicar, siento que lo que me motiva es salir y vivir mi sueño. Juego al golf profesional y siento que estoy llamado a hacerlo lo mejor que pueda. Cuando me despierto por la mañana, trato de poner el máximo esfuerzo cada día que salgo a practicar. Cuando estoy entrenando, metido en la bañera de hielo, haciendo recuperación, siento que estoy llamado a hacerlo lo mejor que pueda. Fuera de eso, no pongo mucho énfasis en ganar torneos. No pongo mucho énfasis en las cosas que puedo lograr. Se trata principalmente de hacer el trabajo adecuado y salir aquí a competir», explica.
Scottie tiene muy claras las prioridades en su vida. Es probable que no le sorprendan a nadie. «Mis dos prioridades son mi fe y mi familia. El golf es la tercera. No me identifico como un golfista. No me identifico por ganar torneos o ser famoso o lo que sea. Cerca de mi casa hay un Chipotle (restaurantes de comida mexicana). He dejado de ir porque ya es muy difícil para mí. Voy a otro al otro lado de la ciudad, que no voy a decir dónde está, pero donde nadie me reconoce nunca (Risas). La fama es sólo una de esas cosas. En algunos círculos, como éste, soy el mejor jugador del mundo. Esta semana fui el mejor jugador del mundo. Estoy aquí sentado con el trofeo. Pero ahora vamos a Memphis y el espectáculo continúa. No me siento diferente porque he ganado un torneo de golf. Esto no es el todo y el fin para mí, aunque estoy extremadamente agradecido por ello. No bromeo, he trabajado desde que tenía dos o tres años para tener la oportunidad de jugar al golf de manera profesional y ahora he podido ganar torneos con los que apenas soñaba jugar. Es una sensación increíble y estoy muy agradecido. Pero mi fe y mi familia son lo más importante para mí. Trato de vivir una vida lo más normal posible porque me siento un tipo normal. Tengo los mismos amigos que cuando crecí. No creo que sea algo especial sólo porque algunas semanas soy mejor en lograr menos golpes que otros chicos», afirma.
Por supuesto, ni se para a pensar en el posible Grand Slam el próximo año, sólo piensa en el presente y en disfrutar con su equipo, del que sobre todo valora la humildad. «Tengo un gran equipo a mi alrededor y todo comienza con mi entrenador Randy Smith. Todos son humildes. Trabajan juntos. Nadie tiene todas las respuestas, siento que simplemente nos divertimos mucho y nos encanta poder practicar hacia estas cosas. Será aún más divertido llegar a casa y poder celebrar», señala.
Sobre su celebración en el 18, Scheffler ha explicado que se sentía como un aguafiestas. «No sabía realmente si recibiría tanto apoyo de la multitud. Creo que la multitud quería que ganara otra persona esta semana y yo tuve que ser un poco el aguafiestas, lo cual también fue divertido. Realmente fue una gran recepción. Escuché a muchos aficionados apoyándome hoy. Fue un ambiente muy genial para jugar. Luego, al acabar, la primera persona que siempre busco cuando tengo la oportunidad de ganar es a mi esposa. Normalmente siempre salimos del 18 por el lado derecho, por eso al principio no la vi. Así que pensé, Dios mío, ¿dónde está Meredith? ¿Qué pasó? No está ahí. Mientras rodeaba el green, vi a mi papá. Pensé, perfecto, mi familia debe estar ahí abajo, así que vi a Meredith. Siempre es la primera persona con la que quiero celebrar. Ella me conoce mejor que nadie. Es mi mejor amiga. Se necesita mucho trabajo para ser bueno en este juego y no podría hacerlo sin su apoyo. Ella hace un trabajo tremendo cuidando todo en casa y permitiéndome dedicar tiempo y esfuerzo en el golf. Porque es mucho. No es un estilo de vida que sea adecuado para todos», remarca.
Dentro de su equipo de trabajo, Scheffler tuvo unas palabras muy especiales hacia Phil Kenyon. «He hecho un gran trabajo con Phil en los últimos dos años. Es un gran tipo con quien puedo discutir cosas. Es un entrenador tremendo y también un gran amigo. Hemos hecho un progreso realmente bueno. Mi golf de tee a green no siempre fue el mejor. Mis resultados de pequeño venían con mi juego corto, ya que era un niño bastante pequeño hasta que di el estirón. Crecí teniendo que ser bueno en el chipping y el putting. Tuve un par de años en el Tour donde no pateé tan bien como sentía que podía. Sabía que estaba ahí. Era cuestión de encontrar las cosas correctas para trabajar en ello. Phil ha sido tremendo para mí. Me ayudó a ser más atlético, dándome la confianza que necesito para salir y simplemente estar comprometido con lo que estoy haciendo. Si lo que me ocurrió la semana pasada en Escocia hubiera sido hace dos o tres años, seguramente habría cambiado algo esta semana. Sin embargo, hablé con Phil y sólo me preguntó: ¿cómo te sentiste? Dije, hombre, creo que lo hice bastante bien, pero la bola simplemente no entró. Phil revisó que me estaba alineando bien, lo corroboró y no le dimos más importancia. Salí esta semana y pateé bien».


