Inicio The Open Championship The Open Championship 2025 Rory, su ejército y San Patricio se dan media oportunidad
McIlroy asegura que no había vivido nunca nada parecido al rugido del público tras su eagle en el 12

Rory, su ejército y San Patricio se dan media oportunidad

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Rory McIlroy, este sábado durante la tercera jornada del Open Championship en Royal Portrush.
Rory McIlroy, este sábado durante la tercera jornada del Open Championship en Royal Portrush.

Rory McIlroy (-8) ha cumplido con su parte del trabajo en Royal Portrush. Necesitaba algo grande este sábado y lo ha hecho. Ha entregado una tarjeta de 66 golpes, la segunda mejor del día tras Russell Henley (65), y se ha metido en el penúltimo partido del domingo del Open Championship. Su único problema se llama Scottie Scheffler (-14). El Número Uno sólo ha hecho un golpe más que Rory y saldrá con seis de ventaja. Está difícil, pero al menos hay una posibilidad. O media, como reconocía el propio McIlroy al acabar la tercera ronda rindiendo pleitesía al poderío de Scheffler.

Pase lo que pase, gane o no gane este Open, McIlroy no va a olvidar jamás lo que ha ocurrido hoy en Portrush. Ha sido, probablemente, uno de los mejores días de golf de su carrera. El ambiente que se ha vivido en el campo ha sido brutal. Rory ha sido llevado en volandas por un ejército de más de diez mil almas norirlandesas que se han dejado la garganta y la vida espoleando a su vecino, acompañados por un tiempo excepcional, buena temperatura, despejado, sin viento y con una luz que sólo existe en los links. En su partido (pobre Jordan Smith que jugaba con él, 72 golpes) se han contado en ocasiones hasta 30 filas de público más allá de las cuerdas. No veían absolutamente nada, pero podía gritar.

Rory ha puesto mucho de su parte con un inicio estelar. Tres birdies en los primeros cuatro hoyos. Soñado. Su primer acierto, además, llegaba con un putt larguísimo con una curva demencial de derecha a izquierda que entraba por todo el centro en el hoyo 1. Ahí empezó a desatarse la locura. La ‘Rory Army’ no necesitaba mucho para empezar a creer, pero además su general les dio los motivos necesarios bien temprano.

Los aficionados fueron parte activa de la remontada de McIlroy. Por supuesto, con sus vítores, carteles, risas, gritos y emoción. «Ha sido algo electrizante», decía el golfista, al que le costaba encontrar las palabras para definir lo que había vivido. Y también parte física. Los tres peores golpes del día de Rory fueron salvados por la suerte… y por el público. Tres bolas muy desviadas en los hoyos 7, 11 y 17 que acabaron en la zona donde estaban los aficionados. Podrían haber terminado engullidas por un arbusto o directamente perdidas, pero el azar, el destino, San Patricio o lo que demonios sea, hicieron que reposaran mansamente en una zona perfectamente pisada y aplanada por su gente. Por los que se iban dejando la garganta.

El momento estelar llegó en el hoyo 12, par 5. Rory embocó un putt de eagle de más de 16 metros. Royal Portrush se vino abajo. «Es el rugido más potente que he escuchado en mi vida en un campo de golf», aseguraba el jugador. Y tanto, el vocerío se oyó hasta en Buckingham Palace. Tembló el precioso suelo de dunas y acantilados y desde los más jóvenes hasta los mayores se dieron cuenta de que la gesta era posible. Cayó un birdie más en el 15. Más griterío, más emoción. Y Rory, disfrutando, dejándose llevar, chocando puños, mirando al público a los ojos, haciéndoles partícipes de su hazaña (intento de).

McIlroy no tira la toalla. No es un ingenuo y sabe que es muy difícil. «Scottie es el mejor jugador del mundo de manera consistente en los últimos años y va a ser muy complicado, pero yo lo voy a intentar. Lo que más me gusta es que voy a disfrutar de otro día de golf delante de toda esta gente, voy a dar lo mejor de mí, intentaré empezar fuerte, como hoy, y a lo mejor, si Scottie empieza a escuchar el ruido y tal… quién sabe. Tengo media oportunidad y sólo eso ya me hace feliz por el ambiente que vamos a vivir el domingo».

Menuda batalla nos espera.

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