
Sergio García (-3) se ha despedido del Open Championship con su mejor vuelta de la semana (68 golpes) y dando un pequeño recital en los golpes a green, dejándose muchas y muy buenas opciones de birdie. No muchos jugadores las van a dejar más cerca de media que el español este domingo. Ha jugado tan bien el de Borriol que hasta ha visto fácil Royal Portrush. «Las condiciones son perfectas. El campo está para que se le hagan 60 golpes». Lo más curioso es que el día no empezaba precisamente bien para el español…
Sergio fallaba la salida del hoyo 1 por la izquierda y se complicaba el hoyo. Sacaba adelante el par, pero la sensación no había sido nada buena. Básicamente, el golpe no había terminado de abrir desde el tee. Acto seguido, en el hoyo 2, más de lo mismo. Salida por la izquierda, no abre y falla la calle. Frustración. Se revuelve en el tee. Pega con el driver hacia atrás en el suelo y se le parte en dos. El gesto es feo de cualquier manera, pero sí es cierto que no fue excesivamente violento. «No quería romper el palo. No sé muy bien qué ha pasado. Normalmente, si le pegas un golpe así, se suele romper por el cuello, pero en este caso ha sido por la varilla. Se ha roto en dos. Es raro. Probablemente, ya estaba tocada la varilla en ese punto y se ha terminado de romper», ha explicado a la conclusión de la vuelta.
Sergio se queda sin driver en el hoyo 2 tras un mal gesto de pura frustración
Sea como fuere, y esté o no relacionado, la verdad es que Sergio se ha mostrado muy sólido desde el tee con la madera 3. Ya no podía utilizar el driver en toda la vuelta porque se le había roto tras un gesto de frustración, no accidentalmente, pero no lo ha echado de menos, más allá de los pares 5 y la salida del 17, donde hoy sí se puede llegar de uno. El asunto es que ha sido de largo su mejor día con los hierros a green y el putter ha acompañado mejor que en otros jornadas. Es como si la rotura del driver le hubiera bajado las pulsaciones, como si le hubiera ayudado, sin que esto sirva para justificar absolutamente nada, obviamente.
Sergio se marcha de Portrush con buenas sensaciones. De hecho, sigue considerando la Ryder Cup como un gran objetivo factible. «No creo que esta semana fuera la última oportunidad para estar en la Ryder. El equipo no se elige la semana que viene. Tenemos semanas importantes por delante para demostrar que mi juego está bien y que puedo aportar cosas buenas al equipo. Yo no tengo que convencer a Luke Donald. Es él quien tiene que estar convencido de que puedo ayudar al equipo. Yo sí creo que mi experiencia puede ser buena en un territorio que va a ser tan hostil como Bethpage, para arropar a los más jóvenes, tal y como hizo Jesper Parnevik conmigo en 1999. Pero es Luke el que tiene que decidir si merezco estar», explica.
Sergio empezó a mejorar en Dallas, dio otro paso adelante en Valderrama y en el Open se ha sentido incluso más cómodo. Está notando que su juego vuelve a crecer, a parecerse el de los primeros meses, y ahora tiene que refrendarlo con resultados en los torneos que quedan del calendario de LIV Golf. Sólo así podrá terminar de convencer a Luke Donald.
En su regreso al Open tres años después, su Grande 102º, García terminará alrededor del puesto 30º.


