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El norirlandés insiste en la necesidad de repartirlos mejor en el calendario

A Rory hay una cosa de los majors que no le gusta y no se le va de la cabeza

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McIlroy, en las rondas de prácticas © Stuart Kerr/R&A/R&A via Getty Images
McIlroy, en las rondas de prácticas © Stuart Kerr/R&A/R&A via Getty Images

No es una ocurrencia puntual ni una reflexión nacida al calor de la semana del Open Championship. Rory McIlroy lleva meses defendiendo públicamente que el calendario de los cuatro majors necesita una vuelta de tuerca y este martes, en la víspera del inicio de la 154ª edición del abierto británico en Royal Birkdale, volvió a insistir en ello. Es una idea que no se le va de la cabeza…

El vigente campeón del Masters ya había abogado a comienzos de año por recuperar un calendario más parecido al tradicional, con el PGA Championship disputándose en agosto para repartir mejor los cuatro Grandes a lo largo de la temporada. Más tarde volvió a lamentar que el Masters, el PGA Championship, el US Open y el Open Championship se concentren prácticamente en apenas tres meses y medio. Ahora ha dado un paso más en su razonamiento: ya no sólo cree que sería mejor para los jugadores, sino para el propio golf.

«Me gustaría ver la temporada de majors un poco más repartida», aseguró McIlroy cuando le preguntaron por la concentración de los cuatro Grandes y los más de ocho meses que transcurren después hasta el siguiente Masters. «El Masters siempre va a tener esa enorme expectación, pero después el PGA Championship, el US Open y el Open llegan muy deprisa. Desde el punto de vista del jugador, si estás en una buena dinámica, está bien ir de uno a otro. Pero para el deporte en general y para el interés por el golf creo que sería positivo que la temporada de majors se alargara un poco más», explicó.

Eso sí, el norirlandés también dejó claro que es perfectamente consciente de la dificultad que entraña modificar un calendario en el que intervienen numerosos organismos. «Ya no me meto en esa parte. Es un rompecabezas muy complejo», afirmó, recordando su experiencia en los órganos de gobierno del PGA Tour. «Hay muchos organismos diferentes y muchas opiniones. Podría expresar la mía, pero no creo que vaya a cambiar nada», añadió con resignación.

Más allá de ese asunto, McIlroy transmitió optimismo respecto a su estado de juego después de un Scottish Open que terminó con sensaciones encontradas. Pese a firmar una buena vuelta el domingo, reconoció que no le gustó la evolución de su swing durante la semana y que ha aprovechado los últimos días para hacer ajustes.

«Los dos primeros días en Escocia me sentí realmente bien, pero mi juego fue deteriorándose conforme avanzó el torneo», explicó. «He trabajado bastante estos últimos días, sacando otra vez el TrackMan, viendo mis números e intentando que las sensaciones de mi swing coincidan con lo que estoy viendo. Hoy me he sentido bien tanto en el campo de prácticas como en el recorrido. Definitivamente voy en la dirección correcta», aseguró.

Precisamente, el TrackMan protagonizó otra de las respuestas más interesantes de la comparecencia. McIlroy rechazó el tópico de que los jugadores demasiado dependientes de la tecnología tengan más dificultades para competir en un Open Championship. «No estoy de acuerdo», respondió con rotundidad. «El TrackMan es una herramienta muy útil. Puedes obsesionarte con los números y eso sí puede ser perjudicial, pero también puede ayudarte a encontrar las sensaciones correctas. Si consigues relacionar un número con una determinada sensación en el swing, en realidad te conviertes en un jugador todavía más guiado por el feeling». El número dos del mundo explicó que utiliza el radar durante la temporada para detectar pequeñas desviaciones en su swing y recuperar rápidamente las sensaciones que busca.

También dejó una reflexión muy interesante sobre la forma en la que afronta esta etapa de su carrera, una vez completado el Grand Slam con la victoria en Augusta. «Sería una búsqueda bastante vacía perseguir únicamente récords y resultados», afirmó. «Hay que disfrutar del proceso y del camino. Lo he aprendido por las malas. Si te centras en mejorar tu juego y en hacer las cosas bien cada día, al final los resultados llegan solos o, al menos, te colocan en posición de ganar».

Preguntado por qué le motivará cuando pegue el primer golpe el jueves en Royal Birkdale, volvió a insistir en esa filosofía. «Quiero comprobar lo bueno que puedo llegar a ser. Quiero ver si todo el trabajo y la preparación que he hecho resisten la máxima presión que existe en este deporte, que son los majors», explicó.

Sobre Royal Birkdale, McIlroy elogió la mayoría de las modificaciones realizadas en el recorrido, especialmente en los hoyos 5 y 7, y valoró muy positivamente que los nuevos desniveles alrededor de los greenes obliguen a los jugadores a tomar decisiones diferentes. «Cuando das opciones a los profesionales y les haces dudar sobre qué golpe ejecutar, es cuando las cosas se ponen realmente interesantes», comentó. «Eso no siempre es divertido para nosotros, pero es la señal de un gran examen de major», insistió al respecto.

Por último, también se refirió a la presión que supone disputar el Open ante el público de casa, una situación que vivirán esta semana jugadores como Tommy Fleetwood, Matt Fitzpatrick o Justin Rose. «Sientes que estás jugando bien por todo el mundo y no sólo por ti mismo», recordó. «Ya existe suficiente presión por hacerlo bien para uno mismo, así que añadir esa capa extra siempre es complicado», dijo. Una experiencia que él mismo sufrió en Royal Portrush y que espera que los ingleses sepan gestionar mejor de lo que hizo él entonces.