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El defensor de la Jarra de Clarete en el Open habla del desgaste que sufre

Scheffler desvela el lado menos amable de ser el Número Uno del mundo

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Scheffler, firmando autógrafos © Stuart Franklin/R&A/R&A via Getty Images
Scheffler, firmando autógrafos © Stuart Franklin/R&A/R&A via Getty Images

Hace exactamente un año Scottie Scheffler dejó una de las ruedas de prensa más recordadas de los últimos tiempos en el mundo del golf. Aquel día, siendo el Número Uno del mundo, sorprendió al preguntarse en voz alta «¿cuál es el sentido?» de perseguir victorias que apenas llenan durante unos minutos. Este martes, en la víspera del comienzo del 154º Open Championship en Royal Birkdale, volvió a dejar otra reflexión con mucho recorrido. Esta vez explicó cuál es, a su juicio, el lado menos amable de ser el mejor jugador del planeta.

Scheffler reconoció que el desgaste no llega tanto por la competición como por todo lo que rodea a la vida del Número Uno. La exposición es permanente y, según explicó, termina pasando factura. «Esta semana llegué el domingo pensando que no habría prácticamente nadie en el campo y ya había aficionados», relató. «Llegué al bunker del hoyo 1, me giré y tenía dos cámaras literalmente a menos de dos metros de mi cara. Les pregunté si iban a estar así de cerca todo el día o si podían darme un poco de espacio», contó entre sonrisas.

A partir de esa anécdota desarrolló una reflexión muy sincera sobre cómo ha cambiado su día a día. «Todo está siendo grabado constantemente», explicó. «Cuando alguien viene a saludarte ya tiene el teléfono móvil preparado. A veces sientes que vas caminando sobre huevos, y eso termina agotando a las personas», confesó.

Para Scheffler, esa es precisamente una de las razones por las que no le gusta encadenar demasiados torneos. «Por eso digo que no puedo jugar tantas semanas seguidas. Hay muchas exigencias durante un torneo y el hecho de estar siendo grabado continuamente puede hacerse difícil. Estoy muy lejos de ser una persona perfecta», reconoció.

El estadounidense enlazó esa idea con otra reflexión que recuerda inevitablemente a la que hizo hace un año cuando ganó precisamente este campeonato. Entonces hablaba de la necesidad de encontrar un propósito más allá de las victorias. Ahora insiste en la misma filosofía. «Sé perfectamente cuál es mi porqué. No juego por la historia ni por el legado. Juego porque me encanta competir, porque disfruto intentando sacar lo mejor de mí mismo y porque me apasiona este deporte», aseguró.

De hecho, cuando le preguntaron por los récords y por el lugar que puede ocupar en la historia del golf fue igual de contundente: «Nunca he pensado en cómo voy a ser recordado. Cuando me muera, haber ganado cuatro majors, veinte torneos o una determinada cantidad de dinero no tendrá ningún efecto sobre mí. Preferiría que me recordaran por la manera en la que hice las cosas que por los torneos que gané».

En un tono mucho más relajado que el de hace doce meses, Scheffler aseguró que ahora sí siente esa calma que buscaba entonces. «Me siento en paz», respondió cuando le preguntaron directamente por ello. Considera que el descanso de unos días tras fallar el corte en el Scottish Open le ha venido bien para «reiniciar la mente y el cuerpo» antes de defender el título del Open. «He tenido un año muy sólido, aunque frustrante a veces porque he estado cerca y no he conseguido rematar como en temporadas anteriores. Pero estoy ilusionado por intentar defender el título», afirmó.

Sobre Royal Birkdale, el estadounidense cree que la firmeza del recorrido marcará la diferencia durante toda la semana. Explicó que las calles son muy rápidas y estrechas, obligando a pensar mucho desde el tee sobre si merece la pena arriesgar con el driver o buscar la seguridad con un hierro. «Con esta firmeza hay muchas más decisiones que tomar, y eso crea muchos más desafíos para nosotros», señaló.

También destacó las modificaciones realizadas en varios hoyos del campo. «Es muy evidente cuáles son los hoyos que se han remodelado», comentó. «El 5, el 7, el 14, el 15 y el 16 parecen casi de otro campo de golf». Aun así, valoró muy positivamente el trabajo realizado y cree que el recorrido exigirá jugar «muy afilado» para fabricar opciones de birdie.

Preguntado, por último, por el calendario de los majors, no fue tan rotundo como Rory McIlroy. Admitió que la temporada «cada vez está más condensada» y que todo sucede «muy deprisa», aunque reconoció que es un asunto que queda tan lejos de su control que prefiere centrarse simplemente en jugar los torneos cuando llegan. Ahora, con la Jarra de Clarete de nuevo en juego, toda su atención está puesta en intentar convertirse en el primer golfista desde Padraig Harrington, en 2008, capaz de revalidar el título del Open Championship.