
Hagan cuentas, cada uno con el tamaño de su mano, de cuántos palmos hacen falta para cubrir medio metro. ¿Hecho? Pues palmo arriba, palmo abajo, esa es la distancia que seguramente ha separado a Alejandro Cañizares de una vuelta puntera a una ronda mucho más sufrida e ingrata. Toneladas de ingratitud…
Porque medio metro es la distancia por la que la bola del español se ha marchado fuera de límites en el flanco derecho del hoyo 14, último par 5 del campo. Tres malditos palmos que, sin ánimo de barrer para casa, han resultado de una injusticia atroz.
Porque el menor de los Cañizares venía jugando un golf de altura, pleno de equilibrio, suelto, con ritmo y pegando con solidez a la bola. “Pero siempre termina ocurriendo algo que me impide hacer resultado”, explicaba el jugador visiblemente afectado al terminar la jornada.
Había llegado al 14 con un acumulado de uno bajo par y salía de allí con un triple bogey en la mochila muy dañino.
La buena noticia es que, visto lo visto, tiene recursos suficientes para darle mañana la vuelta a la tortilla. “Sé que puedo hacerle bajo par a este campo. Así que mañana toca remontar”, señala. (Ver sus declaraciones completas en el vídeo). Su situación no es desesperada, ni mucho menos. El corte de mañana lo pasan los setenta mejores y empatados, y con el juego de la jornada prácticamente acabado, el +2 es ahora mismo puesto 71º. Es más que probable que mañana le valiera a Alejandro de sobra con una vuelta de par. Difícil, por supuesto, pero no imposible.


