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Phil pasa el mal trago

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Phil Mickelson, que ayer cumplía 39 años, aporta sin duda la nota más emotiva de la 109ª edición del Open USA. Y esta mañana ha protagonizado en Bethpage una rueda de prensa en la que el sentimiento y la emoción podían cortarse con unas tijeras…

Ya lo saben todos ustedes: a su mujer, Amy, se le detectaba un cáncer de mama y él abandonaba la competición instantáneamente. En un principio, su temió por su presencia en el segundo ‘major’ del año, hasta que los médicos le aseguraron que se había cogido a tiempo. Su mujer y él acordaron, además, retomar la normalidad hasta donde fuera posible.

Ahora, Phil se enfrenta a un reto peliagudo y ni siquiera él sabe cómo va a responder. Amy, que pasará por el quirófano el próximo 1 de julio, no deja de animarle: «me deja notas y mensajes para animarme, dice que quiere tener en el hospital, junto a ella, el trofeo de Plata (el que acredita al ganador del Open USA…) Y yo voy a intentar complacerla», explica el jugador, que por otro lado ve muy difícil que pueda estar en Turnberry para el British Open.

El número dos del mundo se recrea: «es la esposa más sorprendente que te puedas imaginar. Ella me hace disfrutar de la vida y por eso es duro verla pasar por esto. Pero lo haremos juntos».

Ambos, Amy y Phil, se deshacen en agradecimiento a las muestras de cariño que reciben continuamente. «Cuando ella va de compras se encuentra con gente desconocida que se pone a llorar… No hay sitio donde no consiga una muestra de cariño».

Su juego, antes de la desafortunada noticia, se encontraba, sin duda, muy cerca de la mejor versión de Mickelson. De hecho, hubo en Estados Unidos quien llegó a pensar que al fin podría alguien discutirle la supremacía a Tiger. Pero ocurrió lo que ocurrió y, además, el Tigre fue progresivamente apretando el acelerador.

Sólo Dios sabe lo que Phil va a encontrarse por las calles de Bethpage. Porque si ya tiene una legión de seguidores y admiradores, en esta cita el apoyo se va a multiplicar. Y no es sencillo digerir semejante cúmulo de emociones. Pero, claro, si Amy quiere el trofeo, algo habrá que hacer…